
(c) Tomado de http://tusamigos.blogia.com
Uno de los últimos números de la revista The Economist trae un artículo titulado “I’m just a poor boy though my story’s seldom told” (en referencia a la canción “The boxer” que cantan Simon & Garefunkel). Pero no es una historia sobre música sino sobre algo terrible. Refiere las conclusiones de estudios recientes de investigadores que ha analizado cómo se reproduce la pobreza. Martha Farah, de la Universidad de Pennsylvania descubrió hace pocos años que la memoria de costo plazo de los niños que han crecido en situación de carencia es más limitada que la de los niños de clase media. La memoria de corto plazo es clave para responder problemas y poder efectuar una serie de tareas cotidianas como memorizar un teléfono, etc.
En base al trabajo de Farah, Gary Evans y Michelle Shamberg de la Universidad de Cornell siguieron investigado y han concluido en un artículo reciente que esta reducción de la capacidad de memoria del corto plazo se debe al estrés que afecta el desarrollo emocional e intelectual del niño. El mayor nivel de estrés de los niños pobres dificulta el aprendizaje, y no les permite tener una escolaridad adecuada. Es obvio que la pobreza genera mayores niveles de estrés por la situación de incertidumbre ante el futuro, así como la limitación de oportunidades para el desarrollo personal y social.
Estudios como estos nos ayudan a entender mejor aquello que se ha definido como la educabilidad. Es sabido entre los educadores y los expertos que los niños en situación de pobreza llegan con una serie de carencias a la etapa escolar, lo cual hace mucho más dificil que puedan aprovechar las oportunidades y lograr los aprendizajes que se espera en cada etapa. Esto nos permite fundamentar mejor las políticas que se requieren de atención a la primera infancia y todo aquello que pueda ayudar a los niños a salir de la pobreza que transtorna sus vidas e influye fuertamente en sus posibilidades futuras.