Intriga Personal

“Me apasiona la enseñanza; disfruto, quizá de un modo narcisista, induciendo en los demás el interés por problemas que me intrigan personalmente” Jerome Bruner

Universidades “cota mil”

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En Chile se ha dado recientemente un interesante debate sobre las llamadas universidades “cota mil”. Felipe Berrios, un cura jesuita director del programa Un Techo para mi País, publicó un artículo en El Mercurio el 3 de enero sobre una visita que hizo para dar una charla en el postgrado de una de las universidades exclusivas que hay en Santiago que quedan en las estribaciones de la cordillera, más arriba de los  1,000 metros sobre el nivel del mar (“cota mil”), es decir los barrios más “pitucos” de la ciudad. En tal universidad, en medio de los jardines bien cuidados y el silencio, alejado de los problemas del resto de la ciudad, Berríos decía sentirse como “extranjero en mi propio país”. Y no sólo lamentaba eso, sino que se preguntaba sobre qué visión del país tendrían los profesionales que salieran de esa universidad. 

Las reacciones no se hicieron esperar: muchos criticaron la sobresimplificación del análisis del jesuita, señalando que el lugar donde se ubica una universidad no tiene que ver con sus opciones; o que no se valoraba la búsqueda de la excelencia académica vs. la poliquería de muchas otras universidades. Otros atacaron directamente al autor del artículo y le hicieron recordar su propio origen social y el hecho de que muchos jóvenes de dichas universidades “de la cota mil” eran los voluntarios de los programas sociales que el mismo dirigía, o lo defendieron señalando la irresuelta situación entre educación superior para ricos y otra para pobres. Otros análisis fueron menos apasionados y se han centrado luego en lo que Carlos Peña ha llamado el sistema “endogámico” de las universidades chilenas, que tienden a reproducir las élites. Algunos de estos comentaristas abogan por democratizar el acceso, para que sea en función del mérito pero corrigiendo las diferencias que se originan desde la época escolar debido a las mayores oportunidades que tienen los estudiantes de niveles socioeconómicos altos (ver la recopilación de artículos que hace J.J. Brunner en su blog. La polémica continúa)

late-june-001-704416Discusiones como éstas no pueden sernos ajenas. Si bien nuestro sistema no es tan segmentado como el chileno, existen las mismas tendencias. Aquí no tenemos una cota mil, pero puede ser válida la pregunta sobre para qué país, para qué realidad forman nuestras universidades. ¿En qué medida, dado que la educación escolar tiende a ser segmentada, son las universidades espacios donde se reconoce y acepta la diversidad, se abre el horizonte a la complejidad multicultural, multilingüística de nuestro país, se forjan compromisos concretos y tangibles con un desarrollo más equitativo, sostenible de nuestras ciudades, comunidades y la zona rural? Esas son tareas pendientes, en muchos casos, no sólo de las oficinas de extensión universitaria, sino de la institución toda. Si es así se podrá conseguir lo que plantea el Proyecto Educativo Nacional en su objetivo estratégico 5: “Educación superior de calidad se convierte en factor favorable para el desarrollo y la competitividad nacional.”

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Autor: Fernando

Educador y especialista en gestión educativa. Fui Viceministro de Educación entre el 2011 y 2014. Y Viceministro de Poblaciones Vulnerables hasta julio 2016, en el Ministerio de la Mujer.

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