Intriga Personal

“Me apasiona la enseñanza; disfruto, quizá de un modo narcisista, induciendo en los demás el interés por problemas que me intrigan personalmente” Jerome Bruner

Otra mirada a la sonrisa de la Mona Lisa

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(c) Columbia Pictures

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Ayer vi, nuevamente, “La sonrisa de Mona Lisa” (2003) del director Mike Newell, en la que actúan Julia Roberts, Kirsten Dunst y Julia Stiles. La película siempre me llama la atención por la forma como aborda el tema educativo. Katherine Watson es un profesora de arte en un college exclusivo para mujeres jóvenes que vienen de las familias de clase alta en Nueva Inglaterra, en los EE.UU. Estamos en el año 53, en pleno “baby boom” en el que el ideal de la mujer americana es convertirse en ama de casa y esposa fiel. Al menos es el sentido común que se transmite en esa escuela. La profesora Watson viene a subvertir el orden… desde el arte, animando a las jóvenes estudiantes a pensar por sí mismas, a tener sus propias opiniones y a creer en sus propias capacidades y a pensar en futuros alternativos al único con que muchas sueñan.

En una primera clase, la profesora llega con una serie de slides con obras de arte que las jóvenes identifican sin problema porque han estudiado y memorizado todo de su texto, humillando a la maestra por no tener nada nuevo que enseñarles. En la segunda clase ella llega con imágenes de pinturas no convencionales que no están en el texto, y las obliga a cuestionarse la noción de arte y quién lo define. Tal vez una de las escenas más lindas es aquella en que lleva a las jóvenes a ver una obra de Jackson Pollock, en que las invita sólo a observar: “No tienen que hacer un trabajo. Sólo observar”. Lo mismo ocurre en una clase en que comenta las obras de Van Gogh, en la que les hace ver como la sociedad norteamericana, con los años, ha trivializado su arte, a pesar de que éste no quiso conformar su estilo al gusto popular de su época. La profesora Watson lo pone como un ejemplo de integridad y de ser fiel a uno mismo.

El sistema es muy fuerte y al final termina, como en otra película emblemática (“La sociedad de los poetas muertos”), en que la profesora decide irse. Sin embargo, sus alumnas no la olvidarán. A algunas de ellas les ha ayudado a mirar las cosas de manera distinta y a tomar sus propias decisiones. Es una maestra “que deja huella” no sólo por haber hecho lo que tenía que hacer bien, enseñar lo suyo, su materia, sino porque ha sabido conectarse con sus estudiantes a otro nivel, llevarlos de la mano hacia otros escenarios.  A pesar de las dificultades, esos son los maestros y maestras que queremos!!!

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Autor: Fernando

Educador y especialista en gestión educativa. Fui Viceministro de Educación entre el 2011 y 2014. Y Viceministro de Poblaciones Vulnerables hasta julio 2016, en el Ministerio de la Mujer.

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