Intriga Personal

“Me apasiona la enseñanza; disfruto, quizá de un modo narcisista, induciendo en los demás el interés por problemas que me intrigan personalmente” Jerome Bruner

Conmovido y perplejo

3 comentarios

(c) Tomado de http://catapa.be/

(c) Tomado de http://catapa.be/

Es imposible no hablar de Bagua. Estoy, como seguro muchos peruanos, conmovido por las imágenes que han transmitido los medios. Pero mucho más perplejo por la agresividad, la intolerancia y la animosidad que percibo en declaraciones de funcionarios de gobierno, políticos, activistas de organizaciones, o simplemente por ciudadanos comunes y corrientes. Como si los muertos no fueran suficientes para mirar el asunto con mayor reflexión y responsabilidad, y no quedarse sólo en buscar culpables, responsables políticos, “instigadores”. ¿Donde está la verdad en medio de tantas declaraciones auto-exculpatorias, tanto desacreditación del adversario, tanto silencio sobre los temas de fondo? Es difícil no perderse entre tanto discurso ideologizado y vacío…

Y los muertos (¿cuántos son realmente? ¿sabemos quienes son, sabemos sus nombres?) nos recuerdan que nuestro país vive de espaldas a sí mismo, que no hemos sido capaces de construir suficiente consenso sobre las ideas y visiones básicas sobre nuestro futuro compartido, sobre el desarrollo que queremos lograr. Y no se logrará apabullando a algunos y sin reconocernos a todos como legítimos ciudadanos y compatriotas. Y, además de esto, como en otras ocasiones, tanta torpeza, tanta improvisación, tanta falta de real inteligencia para proceder en un tema tan delicado. No sólo es terrible la muerte de tantos ciudadanos de las comunidades nativas, sino tantos policías por falta de una estrategia clara que ya se ha visto en anteriores ocasiones. “…no se han tomado la molestia de averiguar bien las cosas [las autoridades] y se expresen en forma tan despectiva de un hecho tan lamentable. Ninguna vida puede menospreciarse, ni de policias ni de nativos ni de pobladores…” decía la profesora Delcy Roque, en una carta que Rocío Silva Santistevan ha hecho a conocer y circulaba en algunos blogs.

¿Qué tiene que decir todo esto a la educación? La incomprensión no debe ser gratuita. Será también que nuestro sistema educativo está fallando en no contribuir suficientemente para que los niños y jóvenes aprendan el ejercicio de la vida democrática: escuchar al otro, respetar posiciones distintas, persuadir, negociar sin destruir, conversar sin etiquetar al otro, discutiendo en base a ideas sin desconocer al otro. No es tarea sencilla en un país en que todavía hay tanta discriminación, tanto racismo, tanta exclusión. Y, como es evidente en educación, hay que comenzar las transformaciones hoy para que den su fruto mañana. Saber esperar. Las fracturas de nuestro país no se curarán de un día para otro. Hay que sembrar para poder cosechar. Hay que instaurar nuevos sentidos comunes, nuevas formas de mirarnos como nación para que en el futuro cercano y no cercano no sea tan grave como hoy…

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Autor: Fernando

Educador y especialista en gestión educativa. Fui Viceministro de Educación entre el 2011 y 2014. Y Viceministro de Poblaciones Vulnerables hasta julio 2016, en el Ministerio de la Mujer.

3 pensamientos en “Conmovido y perplejo

  1. El dolor compartido es inmenso, no sólo por lo ocurrido sino por la falta de reconocimiento de responsabilidades políticas. Tenemos una vez más pobres enfrentado contra pobres, mientras nuestra clase política es incapaz de liderar la búsqueda de soluciones sustentadas en la necesidad de reconocer a nuestros hermanos indígenas como legítimos ciudadanos y no como grupos “manipulables”.

  2. Estimados vecinos, les envio un artículo aparecido en la editorial del Diario el Mercurio de Mantiago de Chilepara aportar al debate en esta pagina.

    Sangriento final de protestas en Perú

    En momentos de tensión entre Bolivia y Perú, fue inquietante que, pocos días después de que Evo Morales enviara un mensaje a la “Cumbre Continental” de pueblos originarios reunidos en Puno, en la selva amazónica peruana se produjera un incidente en que murió una treintena de policías y manifestantes nativos que bloqueaban caminos. El llamado de Evo a una “segunda y definitiva independencia” de América, y su anuncio de que “de la resistencia pasamos a la rebelión, y de la rebelión a la revolución”, fue inmediatamente rechazado por el gobierno peruano -que implantó el toque de queda- y criticado por la prensa de ese país como una “intromisión separatista”. Las polémicas palabras de Morales terminaron ahí, y no hay indicios de que buscaran incitar a un levantamiento y al desorden en Perú. Sin embargo, la efervescencia de las protestas indígenas cobró nuevos bríos a medida que avanzaba la semana y concluyó con las muertes referidas.

    La molestia de los indígenas peruanos afloró el año pasado, con motivo de la promulgación de un decreto por el que el Ejecutivo legisla sobre áreas forestales y fauna silvestre. Según los pueblos originarios, tanto amazónicos como andinos, ese cuerpo legal los deja desprotegidos en sus derechos sobre las tierras ancestrales. Objetan que el decreto tiene por meta entregar a empresas privadas la explotación de recursos forestales, petroleros y mineros, y que el gobierno ha hecho esos ajustes a sus leyes obligado por el Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos. El que los congresistas no debatieran el jueves las modificaciones prometidas a la norma irritó a los dirigentes, que cortaron el diálogo un día antes de la actuación policial.

    El Presidente Alan García rechaza de plano estas acusaciones y advierte que la legislación establece como “intocables” 12 millones de hectáreas de bosques de comunidades indígenas y considera como santuarios naturales y parques protegidos a otros 15 millones de hectáreas. Y un punto crucial de la defensa de García es que sin esa normativa no llegarían inversiones vitales para el desarrollo de Perú.

    Al margen de las argumentaciones de ambos sectores, los incidentes del viernes aparecieron como un inaceptable final para un movimiento que, aunque intransigente, comenzó como protesta pacífica. Los indígenas tienen derecho a manifestarse contra lo que consideren perjudicial para sus intereses, mas no lo tienen para provocar desórdenes y bloqueos de rutas que impidan la libre circulación. Por su parte, el gobierno, además de resolver el fondo del conflicto, deberá responder por qué y cómo las legítimas tareas de mantener el orden y resguardar la seguridad ciudadana llevaron a los sangrientos incidentes del viernes.

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