Intriga Personal

“Me apasiona la enseñanza; disfruto, quizá de un modo narcisista, induciendo en los demás el interés por problemas que me intrigan personalmente” Jerome Bruner

Pruebas y resultados de aprendizaje: ¿siempre equivalentes?

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(c) Fernando Bolaños

(c) Fernando Bolaños

“There are three kinds of lies: lies, damned lies, and statistics.” (“Hay tres clases de mentiras: mentiras, malditas mentiras y estadísticas”). Frase atribuida al estadista inglés Disraelí.

Diane Ratvich, en su última entrada en el blog Bridging Differences, comenta los recientes resultados que se han dado el estado de Nueva York, en los EE.UU., en que los resultados parecen prometedores. Desde el 2006, en matemáticas, el porcentaje de niños de 8vo grado que alcanza el nivel esperado ha subido de 54 a 80%. Más buenas noticias: en el caso de los estudiantes negros, el porcentaje subió de 45 a 75% y en el caso de los hispanos de 51 a 79%. Algunos distritos escolares tienen mejoras impresionantes: 28 a 63% en Buffalo, 57 a 82% en la ciudad de Nueva York, 30 a 58% en Syracuse. Las autoridades se felicitan a sí misma por estos logros en apenas cuatro años.  Ratvich señala, sin embargo, que un análisis más cuidadoso hecho por periodistas del New York Daily News, consultando a diversos expertos -entre ellos Jennifer Jennings de la Universidad de Columbia- concluyen que las mejoras se deben a que las pruebas se han ido haciendo cada vez más fáciles. “El Estado [de Nueva York] ha estado evaluacndo sólo una fracción de los estándares oficiales de matemáticas, y los maestros han sido capaces de predecir cuáles estádares iban a aparecer en las preguntas de las pruebas”. Entre ello, se encontró qye hay preguntas que aparecen año tras año, de manera idéntica. En la prueba del 2009, al menos 14 de las preguntas de opción múltiple para los niños de 7mo grado eran muy similares a las del año anterior.

En conclusión, es fácil perdernos con las estadísticas. Las pruebas estandarizadas pueden proporcionar información importante que puede ayudar en el diagnóstico de los problemas y en la toma de decisiones. Sin embargo, también se puiede derivar de ellos conclusiones erróneas, sobre todo cuando el proceso de su elaboración y aplicación no ha sido cuidadosa. Hay que evitar, sobre todo, usarla para recompensar o castigar a los estudiantes, los maestros o a las escuelas. Este caso nos muestra, además que no hay que caer en la autocomplacencia y sospechar cuando hay resultados tan “sorprendentes”. La mejora de los niveles de aprendizajes es una tareas ardua y sostenida y no se puede esperar milagros de la noche a la mañana, sobre todo por los múltiples factores que afectan el aprendizaje, muchos de los cuales no son medidos por una prueba.

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Autor: Fernando

Educador y especialista en gestión educativa. Fui Viceministro de Educación entre el 2011 y 2014. Y Viceministro de Poblaciones Vulnerables hasta julio 2016, en el Ministerio de la Mujer.

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