Intriga Personal

“Me apasiona la enseñanza; disfruto, quizá de un modo narcisista, induciendo en los demás el interés por problemas que me intrigan personalmente” Jerome Bruner

Discriminación, normas y actitudes

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discriminar-noWilfredo Ardito comenta en El Comercio del pasado jueves 20 los avances en Apurímac de una ordenanza regional que se publicó hace un año para evitar la discriminación. Dice Ardito: “la Ordenanza 017-2008-CR-Apurímac no solo enfrenta la problemática de discriminación en locales abiertos al público, sino que busca promover políticas públicas para garantizar los derechos de las personas más vulnerables, enfrentando temas como la discriminación en el empleo, la salud y la educación.”

Asuntos como exigir “buena presencia” o “fotografía reciente” cuando se postula a un trabajo son formas veladas de discriminación racial o social. La norma aborda temas como la prohibición de excluir a otros debido a opiniones religiosas, políticas, o la adecuación del espacio público para que las personas discapacitadas puedan movilizarse en los espacios públicos.

Todos estos son signos auspiciosos. Como dice Ardito ” la norma debería servir de modelo para que desde el Congreso se promulgue una ley general para enfrentar la discriminación en todo el país…”, Sin embargo, me pregunto si las normas son suficientes. Detrás de todo esto ¿no está un conjunto más hondo de actitudes que son el origen de la discriminación? Pongo sólo un ejemplo: la desconsideración. Esta actitud es la de aquél que no piensa en los demás, que hace lo que piensa y lo que quiere sin pensar cómo afecta esto a los otros.  No poner luces direccionales para avisar al conductor de atrás que voy a voltear; poner música a todo volumen hasta tarde, afectando a los vecinos; tirar basura a la calle pensando que “ya habrá alguien que limpie”; pagar con un billete grande esperando que la cajera tenga siempre que darme cambio; etc., etc. Esto no es discriminación, pero puede ser el punto de partida. En la medida que no aprendamos, desde niños, que nuestras acciones (u omisiones, como dice la plegaria) tienen efectos en la vida de los demás, no seremos capaces de reconocer al otro, en particular al diferente o el que tiene limitaciones que yo no tengo.

Las normas ayudarán, pero no crearán a la persona solidaria, empática con los demás, capaz de ponerse en los zapatos de otros, de otra, que crea sinceramente que lo que hacemos por los demás repercute definitivamente en un mejor ambiente para todos, donde hay mejor convivencia, más confianza. A esto tenemos que apuntar…

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Autor: Fernando

Educador y especialista en gestión educativa. Fui Viceministro de Educación entre el 2011 y 2014. Y Viceministro de Poblaciones Vulnerables hasta julio 2016, en el Ministerio de la Mujer.

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