Intriga Personal

“Me apasiona la enseñanza; disfruto, quizá de un modo narcisista, induciendo en los demás el interés por problemas que me intrigan personalmente” Jerome Bruner

Los chicos se aburren en el colegio… ¿sólo allí?

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“Papi, estoy aburrido… no sé que hacer” me dice repetidamente mi hijo de seis años. Y no es que le falten actividades. Es un niño normal, activo, que se inventa sus actividades, sus propios juegos, solo o con sus hermanas.

Por eso, leía con interés este reciente artículo en La Nación de Argentina, “¿Aburridos en el aula? La causa también está fuera de la escuela?” de Silvina Premat, que consultó con expertos, autoridades y padres de familia, y menciona como causas no sólo las “brechas que van creando las nuevas formas de acceso al conocimiento”, sino otros factores culturales de esta época en la que no sólo los chicos sino los adultos se aburren.

Algunos pasajes que vale la pena destacar:

“No necesariamente tiene que ser negativo que un chico se aburra. Si está sobreestimulado con muchas actividades, sean del colegio o extraprogramáticas, cuando está en su momento de soledad se aburre, no sabe qué hacer y esto puede propiciar una nueva creación: saber hacer algo cuando uno está solo”, explicó Alejandra Marroquin, psicoanalista y supervisora del equipo de psicopedagogía del hospital Alvarez.

“Pero, cuidado, porque cuando no se puede salir del aburrimiento éste puede ser la manifestación de cierta angustia o inhibición”, dijo y agregó: “Estamos en una época en la que el lenguaje de la imagen está muy distante del lenguaje de nuestra generación, que es el del libro. Hay entonces un desencuentro importante, y ante esto la escuela tiene una tarea difícil que la estimula a crear nuevas alternativas. Muchas veces el aburrimiento es indicio de cierto desencuentro entre lo que necesita el chico y lo que ofrece la escuela, pero esto es propio de la cultura”.

Suena particularmente revelador este asunto del conflicto entre el lenguaje de la imagen y el lenguaje de lo escrito, que las nuevas tecnologías han exacerbado. Mi hijo está aprendiendo a leer, pero por otro lado es ya un “experto” desde los 4 años en el mundo de las imágenes. Ha conocido Internet y el sentido de muchas páginas web antes que haya aprendido a leer. Todo esto tiene un gran impacto en su forma de relacionarse con la escuela y las actividades “regulares” o “tradicionales” del aprendizaje. Pero no hay duda que el aburrimiento es también un asunto relacional, de aprender a estar y convivir con otros. Y esto es algo en lo que necesitamos seguir reflexionando.

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Autor: Fernando

Educador y especialista en gestión educativa. Fui Viceministro de Educación entre el 2011 y 2014. Y Viceministro de Poblaciones Vulnerables hasta julio 2016, en el Ministerio de la Mujer.

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