Intriga Personal

“Me apasiona la enseñanza; disfruto, quizá de un modo narcisista, induciendo en los demás el interés por problemas que me intrigan personalmente” Jerome Bruner

Siete a uno: lecciones para la vida y la escuela

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El 8 de julio del 2014 quedará en los anales de la historia del fútbol y la memoria de todos los hinchas del deporte. Brasil perdió por 7-1 ante una poderosa Alemania. Una tragedia para un grande del fútbol que nadie se esperaba. Pero, siendo el futbol una metáfora de la vida, como lo han mostrado columnistas y expertos recientemente, creo que podemos aprovechar para ver qué podemos aprender de este suceso.

Varios insisten en que Brasil perdió porque estaba sin dos de sus jugadores clave: Silva, inhabilitado por dos tarjetas amarillas y Neymar, por la lesión en la columna que lo sacó del Mundial. Otros señalan que el problema del equipo de Brasil es más estructural y que requiere toda una reingeniería para estar a la altura de un Pentacampeón. Otros encuentran la respuesta en Alemania, la manera cómo ha ido cambiando su juego, no sólo la firmeza de sus jugadores, sino el pase corto, la articulación de su equipo.

Sin embargo, más allá de la pena y la frustración por el resultado, ¿qué podemos aprender de esta derrota? ¿Qué puede decir a la educación, a los maestros y estudiantes?

Primero, no hay que dormirse en los propios laureles. Brasil, como local, era uno de los favoritos al campeonato. Tenía a toda la hinchada y el estadio a su favor. La derrota no estaba en el imaginario, por eso la perplejidad, el desconcierto. En educación también sucede. Buenas escuelas, buenos maestros necesitan reinventarse, innovar, seguir buscando la calidad.

Segundo, las individualidades son importantes pero lo importante es el equipo. Cuando una selección confía sólo en sus figuras, el vacío es muy grande cuando éstas faltan. En educación es claro que no necesitamos a Superman; las mejores experiencias que conozco son aquellas escuelas que han construido un equipo solvente de profesionales que trabajan y comparten la docencia. Un buen maestro no es el que se hace imprescindible sino el que “crea escuela”, el que trabaja con sus colegas y comparte sus saberes, el que forma a los maestros jóvenes y crea un estilo de trabajo que perdura más allá del tiempo en que él o ella está.

Tercero, la derrota es parte de la vida. Hay que perder con dignidad de la misma manera como se gana con honor. Los jugadores siguieron corriendo los 90 minutos. Los alemanes ganaron respetando al rival caído. Esto es el fair play y nos enseña que, tanto la victoria como los fracasos, nos enseñan, pueden ayudarnos a ser mejores. En educación es igual. El mejor maestro patina alguna vez, con algún grupo de estudiantes, en algún curso. No hay seguro contra el fracaso. Y hay que enseñar a los estudiantes que sepan cómo afrontar los traspiés de la vida, la presentación en que olvidaron lo que tenían que decir, el examen en que les preguntaron aquello único que no sabían, la competencia en que enfrentaron a un compañero que sabía más, hablaba mejor o simplemente en que los jueces consideraron de manera diferente los méritos. Saber perder es parte de esto que se llama formación del carácter y esto parece haberse perdido a veces en la educación actual.

Cuarto, no buscar culpables. Como dicen, “después de la guerra todos somos generales”, todos quieren tomar crédito por los éxitos. No sucede lo mismo cuando se pierde. Nadie quiere reconocer y dar la cara. En educación es igual. Los docentes tienen que dar ejemplo de lo que significa hacerse responsables por las propias acciones y decisiones. Los estudiantes deben aprender el valor de asumir los aciertos y desaciertos, aprender de ellos para poder seguir adelante.

Finalmente, como se dice, “al mal tiempo, buena cara”. No perder el aplomo, la dignidad, la sonrisa. A l fin y al cabo un partido es un partido, la vida continúa, vendrán otros partidos. No podemos quedarnos atorados en un fracaso, por más que sea un vergonzoso 7-1. Los maestros lo saben. La sesión más catastrófica puede ser seguida de una memorable. El grupo más difícil puede traer luego uno extraordinario. Vivir la vida con optimismo debe ser parte también de una educación que nos enseña a valorar la vida, pasar el trago amargo y seguir adelante con la frente en alto.

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Autor: Fernando

Educador y especialista en gestión educativa. Fui Viceministro de Educación entre el 2011 y 2014. Y Viceministro de Poblaciones Vulnerables hasta julio 2016, en el Ministerio de la Mujer.

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