Intriga Personal

“Me apasiona la enseñanza; disfruto, quizá de un modo narcisista, induciendo en los demás el interés por problemas que me intrigan personalmente” Jerome Bruner


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Cuando los desastres y la crisis entran a la casa

VladimirCastro.CruzRojaEC

(c) Vladimir Castro. CruzRojaEC

La crisis y la emergencia nos ha tocado de manera particular en estas semanas. Pensábamos que era una temporada regular, con lluvias en la sierra y verano en la costa. El verano pasado se anunciaba un fenómeno de El Niño tan potente como en 1998, pero al final solo fueron algunas lluvias fuertes en Piura y Tumbes y los estragos no fueron los esperados. Pero este año, sin avisos claros, nos vino un Niño chúcaro, un Niño costero, sin los avisos del año anterior. Los preparativos, insuficientes, han hecho que más de 600 mil personas sean afectadas hasta la fecha, más de 200 mil de ellas niñas, niños y adolescentes.

¿Qué hacer, cómo abordar esto con los niños y adolescentes? Roberto Lerner, en su columna regular, “Espacio de crianza”, nos da algunas pistas: hablar de lo que está pasando (“poner palabras”), darles tareas a los niños, mostrarles con ejemplo la solidaridad. Tratarlo en la casa y en la escuela.

Ciertamente, es distinto abordar el tema con niñas y niños que han vivido directamente los problemas de las inundaciones y la pérdida de bienes, e incluso la vida de familiares y mascotas, que con aquellos que no han sufrido directamente los embates de los desastres.

En el primero de los casos, hay metodologías de soporte psico-social que ya han sido validadas en el mundo entero y que suponen acompañar al niño o niña a procesar el duelo, la pérdida de personas, cosas, incluso de sus juguetes y bienes preciados. Esto es tan importante como el abrigo, la ropa, la protección de la salud y la provisión de agua, alimento y techo. Hay especialistas de los Ministerios de Salud y de la Mujer y Poblaciones Vulnerables, así como de organizaciones especialistas en emergencias (UNICEF, Save the Children, Cáritas) que ya lo están haciendo. Muchas de estas metodologías se basan en el juego, como una manera de enfrentar el estrés, verbalizar temores y angustias, e ir “normalizando” la vida cotidiana, para poder seguir adelante. Todo esto debe hacerse desde un enfoque de derechos, que trata a los niños y sus familias no como víctimas, sino como sujetos y actores de su propia situación, y que reconoce, además, en niñas, niños y adolescentes, el tremendo poder de la resiliencia, esa capacidad de salir adelante que tenemos todas las personas, en especial ellos.

Lo que nos toca a padres o madres, o adultos a cargo de los niños, es acompañar y aprovechar esta situación para desarrollar ciertas actitudes y aprendizajes importantes para la vida. Como decía Lerner, lo primero es conversar, dejar que ellos expresen lo que piensan y sienten, explicando los hechos y aclarando dudas. La vida de muchos ha sido afectada directamente (falta de agua, suspensión de las clases escolares) así que no es razonable pasar por alto lo que está pasando, o simplemente callarse.

Creo que es una ocasión insustituible para, con los niños mayores y adolescentes, poder conversar sobre algunos temas de fondo: las brechas y desigualdades que hacen que algunos peruanos sufran más que otros. No es casualidad que sean peruanos pobres los que sufran mayormente la pérdida de sus casas y sus bienes. No es casualidad que sean ellos los que construyen (o les dejan construir) en laderas de cerros y quebradas inundables. Igualmente, ayudar a entender que Lima no es el Perú; que los que vivimos en Lima no podemos ni debemos comenzar a hacer y actuar sólo cuando los problemas llegan a la puerta de nuestra casa. El Niño costero no comenzó en marzo; desde enero ya lo han sufrido los ciudadanos de Piura y Tumbes. Conversar sobre ellos puede ser muy importante.

El otro asunto es la solidaridad. Muchas cosas que hemos visto estos días pueden ser objeto para conversar y reflexionar con los hijos e hijas: la actitud de “sálvense quien pueda” de todos aquellos comprando agua y alimentos en supermercados, más allá de las necesidades razonables; la conducta execrable de quienes han lucrado, acaparando y luego vendiendo agua embotellada a precios exorbitantes; la actitud displicente y poco comprometida de algunas autoridades. Pero también lo contrario, las miles de acciones de solidaridad de tantas personas, compartiendo lo mucho o poco que tenían, como la de campesinos de Anta que donaron parte de los productos para los damnificados del norte, o la acción decidida de muchas autoridades.

Sin embargo, la solidaridad no se enseña hablando. Como dice Lerner, muchos padres han llevado a sus hijos a las actividades de solidaridad, o a entregar donaciones. No se trata de dar lo que sobra (de hecho, bastantes donativos que han llegado a centros de acopio han sido, simplemente, basura); se trata de compartir lo que tenemos y necesitamos. Pero muchos padres han aprovechado para enseñar el tema del cuidado del agua, de aprender a reducir al mínimo razonable el consumo, a hacer esos cambios de prácticas que se requieren en una ciudad como Lima, en medio del desierto y en procesos de transformación por el cambio climático.

En resumen, hay que aprovechar esto que estamos viviendo para aprender junto con los niños y niñas. Muchos recordarán lo que pasó en estas semanas difíciles. Que no sea simplemente una anécdota. Que podamos aprovecharlas realmente, pues la realidad entró a nuestras vidas como el lodo a las casas de muchos. Y debemos sacar lecciones para el futuro.

 

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La voz de estudiantes y padres en la evaluación docente

(c) PREAL

PREAL comparte con nosotros el último documento de trabajo nº 49 titulado: “La voz ausente de estudiantes y padres en la evaluación del desempeño docente”, preparado por Marcela Román. En ella se analizan las tendencias internacionales al respecto y en más detalle el caso chileno.

Estas son algunas conclusiones del trabajo (extraidas de la sinopsis 30 de PREAL, sobre el mismo tema:

La histórica y generalizada exclusión de los estudiantes de los procesos de evaluación del desempeño docente es una preocupante realidad que la política y los sistemas educativos no pueden seguir ignorando.

La investigación en el campo educativo tiene un papel fundamental al respecto: romper con esta invisibilidad y difundir aquellos elementos claves para mejorar el proceso de aprender, a partir de los requerimientos que se le hacen a la enseñanza desde el aprendizaje.

La cordura y pertinencia que los estudiantes ponen en evidencia al identificar cuáles son las cualidades del buen maestro, permiten enriquecer los modelos y estándares a partir de los cuales se está evaluando el desempeño docente.


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¿Libres o protegidos?

Este interesante artículo sobre el impacto que tiene en los EE.UU. hacer que los lugares de juego para los niños estén libres de peligro en limitar el desarrollo libre y feliz de los niños (“The War on Children’s Playgrounds”) me hizo pensar sobre mis propios hijos. Tengo al suerte de vivir a pocas cuadras de un parque pero nunca he dejado que vayan solos. Existe, en una ciudad como Lima, el temor de que algo les pueda pasar, que los puedan secuestrar. Pero ¿no les quita mi temor algo que nuestra generación sí tuvo (la libertad de la calle, la vida de barrio)? Soy, por otra parte, decidido adversario de las calles enrejadas, de los condominios cerrados, de las burbujas de cristal. ¿Cómo hacer, entonces? Otros padres tienen temor a que se hagan daño, se caigan de la bicicleta, pero… ¿no era esto asunto común en nuestra niñez, de regresar con las rodillas cortadas o los dedos machucados? El extremo son aquellos padres que no quieren que sus hijos se ensucien, y no dejan que sus hijos se arrastren, o limpian el piso para evitar el menor contacto con bacterias o gérmenes.

Algunos señalan que esta excesiva sobre-protección hace es que los niños crezcan encerrados, más dependientes y por tanto, más propensos a caer en los brazos de la televisión o el Internet, con sus oportunidades pero al mismo tiempo, riesgos asociados. Hay iniciativas interesantes en otros lugares para optar por que los niños y niñas crezcan más libres, con más contacto con su entorno. Tal es el caso, por ejemplo, de FreeRange Kids, que es un movimiento de padres para criar a los hijos de manera más libre y sin temores, haciéndolos más seguros y proactivos. Ciertamente, se requiere un balance… ¿Cómo encontrarlo en medio de una ciudad mayormente agresiva, con poco espacios públicos, con un tráfico que no respeta edad ni condición?


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Niños y adolescentes e Internet: ¿riesgo u oportunidad?

Un artículo del diario El País de España (“Cuando el niño sabe más que yo”) y una entrada de blog de NetFamilyNews.org (“Major obstacle to universal broadband & what can help”) ofrecen un punto común sobre algo que nos interesa como padres y educadores: qué hacer frente a la mayor exposición de niños y adolescentes al Internet, con las oportunidades y riesgos que esto conlleva.

Por un lado, tal como se postula, son procesos difíciles de revertir. Internet y redes sociales son temas en que muchos adultos se sienten en desventaja porque “los niños saben más que yo”. Por otro lado, la estrategia de la prohibición o de meter miedo no funciona. Prohibir a los adolescentes que usen Internet o el chat no hace más que provocar el efecto contrario, crear curiosidad. Según señala Wesley Perkins, el uso del miedo no ha cambiado comportamientos es más del 1%.

El artículo de El País comenta un caso de un funcionario español que entró en una red social con una identidad falsa para ver con quien se relacionaba su hija y cómo eran sus vínculos con sus conocidos. Esta actitud ha sido muy criticada por algunos que sostienen que esto atenta contra la privacidad de niños y adolescentes, y que es la estrategia que usan los que quieren hacer daño. Si bien el funcionario señaló que esto fue con el consentimiento de su hija, como un simple experimento, no parece la vía más apropiada. El psiquiatra infantil Paulino Castells, cita el diario, dice que “la clave está en la relación afectiva de padres e hijos. ‘Si el hijo se siente querido nunca será una intromisión’ [los controles que los padres ponen a la participación en estas redes]”

El tema es controversial. ¿Cómo lograr este tipo de relación y confianza, sobre todo cuando los hijos son adolescentes, una etapa en que, en general los vínculos con los padres pasa por tensiones de la edad? En todo caso, es un asunto que no hay que ignorar. Hay que conversar con los hijos, ponerles reglas y límites claros, estar atentos sin ser entrometidos, y eso siempre es un balance delicado.

Por otro lado, no podemos ignorar que el manejo de Internet y la participación en las redes sociales suponen habilidades que los niños y adolescentes deben desarrollar, de cara a las exigencias de un mundo globalizado y una economía del conocimiento. El miedo nos puede hacer olvidar las oportunidades que la Web trae.

¿Qué es lo que piensan Uds.? ¿Alguna experiencia o recomendación que puedan compartir con nosotros?


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Una relación equitativa en la casa y el trabajo

“Hoy las mujeres comparten con los hombres el tiempo de trabajo remunerado, pero no se ha generado un proceso de cambio similar en la redistribución de la carga de tareas domésticas. Tampoco se ha producido un aumento significativo en la provisión de servicios públicos en apoyo a estas tareas; ni se ha logrado reorganizar la vida social.”

La OIT y el PNUD han dado a conocer recientemente en Perú el informe “Trabajo y Familia: hacia nuevas formas de conciliación con responsabilidad”. El trabajo explora uno de los temas centrales de nuestros tiempos en América Latina:  la relación entre la vida familiar y personal con las exigencias de la vida laboral. El informe analiza los datos del problema en América Latina. Además de análisis de casos en la región el informe contiene un conjunto de recomendaciones para las políticas públicas, legislación, así como iniciativas políticas y administrativas que deben ser tomadas en cuenta.

Lo que propone el reporte es avanzar hacia una equidad de género que permita tanto a hombres como mujeres disfrutar y compartir los beneficios y cargas del trabajo y el hogar en medio de un contexto cambiante: “Pensar que el cuidado y el trabajo en el hogar es un asunto que compete sólo a las mujeres ha impedido que mejore su calidad de vida, ya que las familias se han transformado pero las expectativas hacia ellas permanecen inalteradas, a costa de su autonomía, desarrollo y bienestar. La solución a esta situación exige la colaboración del Estado y de todos los actores sociales, en un enfoque integrado de políticas públicas que hagan compatible la vida familiar y laboral para todas las personas, sobre la base de que el cuidado humano es también una responsabilidad de los hombres. Lo que aquí se propone es la conciliación con corresponsabilidad social, es decir que las tareas de cuidado sean compartidas entre hombres y mujeres, pero también entre el Estado, el mercado y las familias, así como por la sociedad en general.”


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Tratando de hacer la tarea

¿Los nuevos tiempos? En la caricatura, la madre le dice al niño que está viendo la TV a todo volumen: “Por favor, baja el volumen. Tu papá está tratando de hacer tu tarea.”

Sin embargo, qué terrible que la caricatura diga más bien: “Por favor, baja el volumen. Tu papá está tratando de hace SU tarea.” Como si no bastara las horas de “trabajo” sino que los padres tienen que llevarlo a casa y seguir trabajando, en vez de poder compartir tiempo con los hijos, incluso para ver algún programa que les guste.