Intriga Personal

“Me apasiona la enseñanza; disfruto, quizá de un modo narcisista, induciendo en los demás el interés por problemas que me intrigan personalmente” Jerome Bruner


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No-mandamientos en educación. ¿Qué hacer?

Trahtemberg

(c) Fuente: Andina

León Trahtemberg ha escrito en su blog un conjunto de diez “no-mandamientos” que hay que tomar en cuenta para las políticas educativas, en referencia a los mandamientos que el presidente Kuczynski señaló a sus ministras y ministros. El tema resulta interesante y van acá algunos comentarios, con el fin de estimular el debate.

Detrás de las sugerencias de Trahtemberg hay algunos puntos centrales que vale la pena analizar. El primero parece ser esta discordancia que se presenta entre las normas y la realidad, entre lo que piensan los políticos y funcionarios “de escritorio” y los actores que están en la escuela. Esto es reconocer una realidad innegable: nuestro país, y también nuestra educación es diversa, multicultural y variopinta. Creo que nadie puede arrogarse la facultad de entenderla y apreciarla en toda su dimensión. No hay solo dicotomías (las más usuales son aquellas entre lo urbano-rural; Lima-regiones; educación pública-educación privada), sino caleidoscopios, pues dentro de cada una de ellas hay mayores diversidades. Por otro lado, están las normas. Y es función del MINEDU normar, aunque no sólo él. Las normas deberían poder recoger la diversidad, pero no es tarea fácil. Es sabido que muchos funcionarios públicos esperan que las normas le digan, de manera “clara y distinta” qué hacer. Deberíamos tener funcionarios con mayor capacidad de decisión, con más sentido común, pero son los menos los que se arriesgan a interpretar la norma, y cuando lo hacen es sobre todo en favor suyo y no del estudiante o el usuario del sistema educativo. Lo mismo pasa con los docentes: ¿cuántos son capaces de tomar el currículo y aplicarlo de manera flexible según la situación e intereses de sus estudiantes, buscando temas articuladores que combinen competencias de distintas áreas del mismo? Sabemos que hay muchos maestros que prefieren comprar aquellos manuales que les ofrecen planes de clase ya estructurados y que les ahorran el trabajo de preparar ellos mismos sus sesiones de aprendizaje ¿Hay alternativa? Por supuesto. Hay que hacer esfuerzos para mejorar la formación inicial de docentes y presentar estos dilemas en la capacitación en servicio de los docentes actuales. Hay que seguir capacitando y dando asistencia a los funcionarios del Ministerio, de las DRE y UGEL y destacar las buenas prácticas de aquellos que saben utilizar la norma de manera proactiva para lograr los resultados de orden superior. Ver aquí.

En segundo lugar, Trahtemberg pone el dedo en la llaga en un problema estructural: la desarticulación de las unidades del MINEDU. Se comenzó un proceso de transformación durante la gestión de la Ministra Salas, pero la tarea sigue pendiente. No es solo la desarticulación dentro del Ministerio, sino entre distintos sectores que tienen que ver con la educación (Salud, Desarrollo e Inclusión Social, Cultura, etc.). He trabajado en dos Ministerios y puedo dar fe de lo complicado que es articular. No existen suficientes incentivos al funcionario público para hacerlo, metido como está en conseguir cumplir con su propio Plan Operativo Institucional (POI), sus metas, y con ejecutar su presupuesto. Y además de ello, articular con otros niveles de gobierno. Hay experiencias importantes e iniciativas valiosas en los últimos años para construir una gestión descentralizada con enfoque territorial, pero todo esto está aún en construcción y se requiere mucha voluntad y mecanismos efectivos para conseguir los resultados. No basta voluntad política, la articulación debe darse en todos los niveles del sistema y es necesario, por tanto, una planificación más organizada y una articulación a nivel presupuestal, que facilite los procesos. Hay iniciativas interesantes que hay que continuar tales como Aprende Saludable y el trabajo que varios viceministros y viceministras realizamos en el marco de la Comisión Interministerial de Asuntos Sociales para la Amazonía (CIAS Amazonía) para impulsar el trabajo coordinado en las comunidades amazónicas, con un enfoque intercultural.

En tercer lugar, un reto pendiente es cómo se articula el tema de las condiciones mínimas para impulsar aprendizajes efectivos y las dimensiones más avanzadas de los sistemas educativos. León tiene razón cuando afirma que es un error “asumir que la visión del sistema educativo es lograr prioritariamente que los alumnos respondan bien a pruebas de matemáticas y lectura, además de construir colegios”. Ciertamente, la infraestructura es insuficiente para mejorar aprendizajes, pero con 66 mil millones de déficit en infraestructura educativa y mobiliario, no puede ser un tema menor hasta que se pueda cerrar la brecha. Otros elementos innovadores que nos pueden llevar a la educación del siglo XXI requieren algunas condiciones de base, y éstas no se han conseguido aún para la gran mayoría de escuelas. Por supuesto, hay que seguir invirtiendo en los docentes, promover e incentivar la innovación, impulsar el trabajo entre pares y crear redes de aprendizaje que conecten a profesores experimentados con los que no lo son tanto. Ver, por ejemplo, aquí. Estos son los cambios más difíciles y no se ven de la noche a la mañana, pero no por ello hay que dejar de insistir en ello.

Finalmente, hay un tema de participación que está detrás de algunos de los puntos de León señala. Escuchar a los propios docentes, a los investigadores, a los propios padres y madres de familia. Es evidente que ninguno tiene una visión completa del sistema, pero no se puede desatender la opinión del usuario del sistema educativo. No podemos olvidar, que más allá de los planes, programas presupuestales, matrices de gestión o cualquier instrumento, está el derecho de los ciudadanos de recibir una educación de calidad. Hay avances en los últimos años, innegables, pero muchos peruanos y peruanas sienten que no reciben la educación que merecen y requieren. Ahora hay muchos más canales para hacer oír nuestra voz, pero es verdad que a veces también hay mucho ruido en las redes sociales. Se necesita desbrozar el trigo en medio de tanta paja, pero las voces están allí, de muchos padres y madres, docentes y estudiantes señalando lo que esperan del sistema educativo peruano.

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Maestros que meten goles

 

 

Profesor Juan Cadillo. Tomado de http://www.presidencia.gob.pe

Profesor Juan Cadillo. Tomado de http://www.presidencia.gob.pe

José Antonio Encinas, este insigne maestro peruano, y que llegó a ser ministro de educación decía que “el más alto cargo que un ciudadano puede desempeñar en una democracia es el del maestro de escuela“

Ayer pensaba esto mientras participaba de la ceremonia de entrega de los premios de la 8va edición del concurso El Maestro que Deja Huella, organizado por Interbank, y en la que estuvieron la Primera Dama Nadine Heredia y el Ministro de Educación Jaime Saavedra. El profesor Juan Raúl Cadillo León se llevó el premio mayor, pero los otros 25 finalistas ya eran docentes ganadores de cada una de las regiones que representaban. Juan Raúl estaba ciertamente movido y dio unas palabras de agradecimiento a sus colegas que nos dejó a todos emocionados, agradeciendo a sus colegas y mostrando una calidad no sólo profesional sino también humana.

(c) Reuter, tomado de http://www.larepublica.pe

(c) Reuter, tomado de http://www.larepublica.pe

Pensando en el fútbol, que nos tendrá al vilo unos días más por el Mundial, pensaba en el reconocimiento justo que se hace a los jugadores. Tenemos tablas de goleadores, y los mejores se llevan jugosos premios como el Balón de Oro. James Rodríguez, Lionel Messi, Thomas Müller o Neymar Jr. son ídolos juveniles, ejemplos de capacidad y dedicación (por eso es que insisto que actitudes como la de Luis Suárez es reprobable).

¿Por qué las maestras y maestros excepcionales no reciben la misma atención? Jugar 90 minutos y meter goles es un arte difícil, que pocos pueden mostrar con singular maestría. ¿Pero no es también difícil, incluso más, atender 30 o 40 niños por varias horas, día tras día, acompañarlos, interesarlos, crear condiciones para aprendizajes significativos? ¿No es un reto monumental hacer lo mismo con 30 o 40 adolescentes que quisieran estar más bien jugando en línea, mirando videos o chateando por Whatsapp? ¿Cómo hacen muchos de estos maestros no sólo para enseñar lo que el currículo oficial les pide, sino y más, generar trabajo en equipo, interés genuino por el aprendizaje, pasión por algo? Estos son los maestros que recordamos, los que dejan huella, los que generan esa “intriga personal” de la que hablaba Bruner y que es la que hace explorar, buscar, desarrollar capacidades que pueden marcar nuestra vida, nuestras decisiones personales y profesionales.

Lo que sucede es que estos goles que meten cada día miles de maestras y maestros en nuestro país no se pasan en televisión, no los conversan sesudos comentaristas en programas radiales o son analizados en extensos artículos periodísticos en secciones o suplementos especiales.

Cuando me encuentro con este tipo de maestros, uno no puede hacer más que quitarse el sombrero. En costa sierra y selva, en escuelas grandes, o en escuelas multigrado donde hay solo 2 o 3 profesores, o trabajando solo, en una escuela unidocente rural, estos héroes cotidianos hacen cosas extraordinarias con sus estudiantes, con la comunidad: desarrollan espíritu científico o matemático de maneras que quisieran colegios prestigiosos, reciclan y producen, investigan y escriben textos propios con sus estudiantes, usan las computadoras que no son de última generación y a veces ni siquiera están conectadas a Internet para generar una cultura digital impensada, incentivan a sus estudiantes a soñar y superarse cada día.

No se puede crear un premio para cada uno de estos maestros y maestras, pero sí hay algo que hacer: reconocimiento social. Esto es lo que comenzamos a hacer en el MINEDU con el Plan Perú Maestro pero que, por supuesto requiere más compromisos hoy y en el futuro. No en vano, como ha mostrado un estudio internacional TALLIS, en 24 países de la OECD, señala que 3 de cada 4 maestros creen que no recibirán reconocimiento por mejorar la calidad de su trabajo ni por hacer innovaciones.

Felicito iniciativas como la de Interbank y espero que el reconocimiento a los buenos maestros se haga mayor, no sólo en el día del maestro, sino de manera permanente.