Intriga Personal

“Me apasiona la enseñanza; disfruto, quizá de un modo narcisista, induciendo en los demás el interés por problemas que me intrigan personalmente” Jerome Bruner


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No-mandamientos en educación. ¿Qué hacer?

Trahtemberg

(c) Fuente: Andina

León Trahtemberg ha escrito en su blog un conjunto de diez “no-mandamientos” que hay que tomar en cuenta para las políticas educativas, en referencia a los mandamientos que el presidente Kuczynski señaló a sus ministras y ministros. El tema resulta interesante y van acá algunos comentarios, con el fin de estimular el debate.

Detrás de las sugerencias de Trahtemberg hay algunos puntos centrales que vale la pena analizar. El primero parece ser esta discordancia que se presenta entre las normas y la realidad, entre lo que piensan los políticos y funcionarios “de escritorio” y los actores que están en la escuela. Esto es reconocer una realidad innegable: nuestro país, y también nuestra educación es diversa, multicultural y variopinta. Creo que nadie puede arrogarse la facultad de entenderla y apreciarla en toda su dimensión. No hay solo dicotomías (las más usuales son aquellas entre lo urbano-rural; Lima-regiones; educación pública-educación privada), sino caleidoscopios, pues dentro de cada una de ellas hay mayores diversidades. Por otro lado, están las normas. Y es función del MINEDU normar, aunque no sólo él. Las normas deberían poder recoger la diversidad, pero no es tarea fácil. Es sabido que muchos funcionarios públicos esperan que las normas le digan, de manera “clara y distinta” qué hacer. Deberíamos tener funcionarios con mayor capacidad de decisión, con más sentido común, pero son los menos los que se arriesgan a interpretar la norma, y cuando lo hacen es sobre todo en favor suyo y no del estudiante o el usuario del sistema educativo. Lo mismo pasa con los docentes: ¿cuántos son capaces de tomar el currículo y aplicarlo de manera flexible según la situación e intereses de sus estudiantes, buscando temas articuladores que combinen competencias de distintas áreas del mismo? Sabemos que hay muchos maestros que prefieren comprar aquellos manuales que les ofrecen planes de clase ya estructurados y que les ahorran el trabajo de preparar ellos mismos sus sesiones de aprendizaje ¿Hay alternativa? Por supuesto. Hay que hacer esfuerzos para mejorar la formación inicial de docentes y presentar estos dilemas en la capacitación en servicio de los docentes actuales. Hay que seguir capacitando y dando asistencia a los funcionarios del Ministerio, de las DRE y UGEL y destacar las buenas prácticas de aquellos que saben utilizar la norma de manera proactiva para lograr los resultados de orden superior. Ver aquí.

En segundo lugar, Trahtemberg pone el dedo en la llaga en un problema estructural: la desarticulación de las unidades del MINEDU. Se comenzó un proceso de transformación durante la gestión de la Ministra Salas, pero la tarea sigue pendiente. No es solo la desarticulación dentro del Ministerio, sino entre distintos sectores que tienen que ver con la educación (Salud, Desarrollo e Inclusión Social, Cultura, etc.). He trabajado en dos Ministerios y puedo dar fe de lo complicado que es articular. No existen suficientes incentivos al funcionario público para hacerlo, metido como está en conseguir cumplir con su propio Plan Operativo Institucional (POI), sus metas, y con ejecutar su presupuesto. Y además de ello, articular con otros niveles de gobierno. Hay experiencias importantes e iniciativas valiosas en los últimos años para construir una gestión descentralizada con enfoque territorial, pero todo esto está aún en construcción y se requiere mucha voluntad y mecanismos efectivos para conseguir los resultados. No basta voluntad política, la articulación debe darse en todos los niveles del sistema y es necesario, por tanto, una planificación más organizada y una articulación a nivel presupuestal, que facilite los procesos. Hay iniciativas interesantes que hay que continuar tales como Aprende Saludable y el trabajo que varios viceministros y viceministras realizamos en el marco de la Comisión Interministerial de Asuntos Sociales para la Amazonía (CIAS Amazonía) para impulsar el trabajo coordinado en las comunidades amazónicas, con un enfoque intercultural.

En tercer lugar, un reto pendiente es cómo se articula el tema de las condiciones mínimas para impulsar aprendizajes efectivos y las dimensiones más avanzadas de los sistemas educativos. León tiene razón cuando afirma que es un error “asumir que la visión del sistema educativo es lograr prioritariamente que los alumnos respondan bien a pruebas de matemáticas y lectura, además de construir colegios”. Ciertamente, la infraestructura es insuficiente para mejorar aprendizajes, pero con 66 mil millones de déficit en infraestructura educativa y mobiliario, no puede ser un tema menor hasta que se pueda cerrar la brecha. Otros elementos innovadores que nos pueden llevar a la educación del siglo XXI requieren algunas condiciones de base, y éstas no se han conseguido aún para la gran mayoría de escuelas. Por supuesto, hay que seguir invirtiendo en los docentes, promover e incentivar la innovación, impulsar el trabajo entre pares y crear redes de aprendizaje que conecten a profesores experimentados con los que no lo son tanto. Ver, por ejemplo, aquí. Estos son los cambios más difíciles y no se ven de la noche a la mañana, pero no por ello hay que dejar de insistir en ello.

Finalmente, hay un tema de participación que está detrás de algunos de los puntos de León señala. Escuchar a los propios docentes, a los investigadores, a los propios padres y madres de familia. Es evidente que ninguno tiene una visión completa del sistema, pero no se puede desatender la opinión del usuario del sistema educativo. No podemos olvidar, que más allá de los planes, programas presupuestales, matrices de gestión o cualquier instrumento, está el derecho de los ciudadanos de recibir una educación de calidad. Hay avances en los últimos años, innegables, pero muchos peruanos y peruanas sienten que no reciben la educación que merecen y requieren. Ahora hay muchos más canales para hacer oír nuestra voz, pero es verdad que a veces también hay mucho ruido en las redes sociales. Se necesita desbrozar el trigo en medio de tanta paja, pero las voces están allí, de muchos padres y madres, docentes y estudiantes señalando lo que esperan del sistema educativo peruano.


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Grete DeAngelo: “Por esto enseño”

Grete DeAngelo

Grete DeAngelo

“No lo hago por la plata…. No lo hago por el reconocimiento… ( ) Bueno, estoy contenta de decirles (y decirte): lo hago por los chicos, y por mí.”

Así comienza su testimonio la maestra Grete DeAngelo, una profesora en la Escuela Preparatoria MMI, en Pennsylvania, Estados Unidos. Para ella es claro que trabajar con adolescentes no es un castigo, es un regalo, porque ve en ellos un gran potencial esperando volcarse en el mundo.
Esta visión positiva que tiene de sus estudiantes es la que le permite apreciar aquellas cosas que sólo se viven y experimentan en la adolescencia y de las que ella es testigo: las alegrías y tragedias del primer amor, sacar la licencia de conducir, la satisfacción de conseguir el primer trabajo y ganarse su propio dineros por primera vez, la lucha por hacerse independiente.

Ciertamente, la vida de los estudiantes debería ser la fuente primera para el aprendizaje de los chicos a esta edad. Y no, como sucede muchas veces, que la escuela está en ciertas cosas, y la vida de los chicos en otra parte. Los maestros y maestras que se involucran en los temas cotidianos de los chicos tienen más oportunidad de hacer más relevantes los temas del currículo y vincularlo con los temas que realmente les importa a los estudiantes y pueden llamar su atención y concentrar su interés.

Grete cree que, cada nuevo grupo de estudiantes que llegan a sus manos le devuelven la esperanza y optimismo. Reconoce que son la audiencia más difícil y que no van a fingir si están aburridos. Eso la obliga a mantenerse al día, en la música, en la tecnología y en el lenguaje que ellos usan. “Mis estudiantes cuestionan mis creencias cada día sobre temas en los que yo me sentía muy segura.” Por ello se animó a escribir su primera novela al final de sus 30 y cuando les contó a sus estudiantes que su libro iba a ser publicado, la aplaudieron y le dijeron que ellos también querían escribir libros. ¿No es como para llenar de orgullo a cualquier maestro que tus estudiantes quieran seguir tus pasos?

Maestras como Grete han en todas partes, también en el Perú. Un motivo más para sentirnos orgullosos de ellas y ellos, y para seguir trabajando para que todo el sistema educativo facilite y no haga más complicado el trabajo que realizan día a día, año tras año.


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Maestros Excelentes

Tomado de http://www.presidencia.gob.pe

Nadine Heredia: “El corazón de la reforma educativa en Perú es la revalorización de la carrera docente.”

Hoy estuve en el Foro Regional “Soluciones en Educación Hacia Profesores Excelentes”, organizado por el Banco Mundial y la Pontificia Universidad Católica del Perú en el que se presentó el estudio “Profesores Excelentes. Cómo mejorar el aprendizaje en América Latina y El Caribe”, elaborado por Barbara Bruns y Javier Luque. En el evento estuvieron presentes la Primera Dama Nadine Heredia, el Ministro de Educación Jaime Saavedra, el rector de la PUCP, Marcial Rubio y el Vicepresidente del Banco Mundial Jorge Familiar. El evento y el panel subsecuente estuvo moderado por el periodista Augusto Álvarez Rodrich.

El informe es interesante dado que describe el perfil de los maestros en América Latina y los cambios que se han producido en los últimos años. Usando una metodología validada en los EE.UU. (método Stallings) el estudio muestra que, en 7 países de la región, no más del 70% del tiempo de clases es empleado en la enseñanza o la interacción del maestro con los estudiantes; el resto del tiempo los maestros no están en clase o dedican el tiempo a asuntos que no tienen que ver con el aprendizaje. Se proponen diversas estrategias para reclutar mejores profesores, capacitarlos mejor, motivarlos para que mejoren su desempeño y cómo conseguir desarrollar esto que llaman “maestros de excelencia”.

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Profesores Excelentes

Es un trabajo que vale la pena revisar pues tiene un buen fundamento teórico, revisión de la literatura internacional y el trabajo de campo en 15,000 aulas que sustenta muchos de los resultados y propuestas. Bruns señala, con acierto, que hoy no es posible hacer política educativa sin datos.

Volvemos, pues a un tema mayor de la política educativa. No es posible lograr cambios efectivos en educación si no revaloramos a los maestros y si no hacemos lo necesario para contar con los mejores maestros. Esto implica varias cosas: por un lado, atraer mejores jóvenes a la carrera. Pero esto no basta para resolver el problema. Como señala Patricia Arregui, es difícil determina a priori quién será buen maestro, sólo a partir de su trayectoria de formación. Los maestros se convierten en tales en los primeros años de su ejercicio profesional y adquieren una identidad propia como docentes. Por ello, los programas de inducción para profesores principiantes son críticos, para evitar, como pasa en algunos países del Norte donde entre 30 y 50% de los docentes se retiran en esta etapa, no solo malos sino también potenciales buenos maestros que podrían llegar a serlo si tuvieran un poco más de apoyo y seguimiento.

Es necesario, igualmente, la colaboración entre colegas, una práctica muy difundida entre maestros de Finlandia y Ontario (Canadá) y que es una de las buenas prácticas en el proyecto Escuelas de Mañana de Río de Janeiro. En Perú se ha impulsado el acompañamiento pedagógico, sobre todo en escuelas rurales, y el impacto en logros de aprendizaje se ha visto en las pruebas ECE. El acompañamiento ha funcionado bien cuando el acompañante es otro maestro con experiencia que puede darle una retroalimentación adecuada a su colega y apoyarlo en sus prácticas pedagógicas.

Asimismo, es necesario seguir mejorando los salarios de los docentes. La Ley de Reforma Magisterial promulgada en el 2012 ha ordenado definitivamente el tema salarial, puesto a todos los maestros dentro de una misma carrera y simplificado todo el sistema de incentivos. Pero, a pesar de los incrementos, como lo ha señalado el mismo ministro Saavedra, los salarios de los docentes peruanos son más bajos que varios de sus pares latinoamericanos, la mitad del de sus colegas mexicanos o colombianos. Mientras los maestros sigan ganando menos de 1,300 soles como salario de entrada, será difícil atraer de manera real a los mejores profesionales a esta tarea.

Finalmente, un tema destacado por algunos de los comentarios al estudio es el carácter colectivo de la mejora docente. Como lo he señalado en un post anterior, no bastan héroes ni individualidades. Claudia Costin, nueva jefe de la división de Educación del Banco Mundial y antigua secretaria de educación de Río de Janeiro recordó que es arriesgado atribuir el éxito de un estudiante de tercer grado solamente a su maestro o maestra. Los docentes que le enseñaron antes, en primero o segundo tendrán seguramente parte del mérito. Por eso hay que insistir en incentivos colectivos y en el liderazgo del director de la escuela, que es crítico para crear la cultura escolar necesaria para mejorar el trabajo.

Grandes retos, por cierto, pero es bueno que miremos nuevamente a los maestros y pensemos en la centralidad de su rol para las auténticas reformas educativas, aquellas que parten del aula y trascienden a todo el sistema.


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Maestras que cambian la vida

En la edición del 6 de mayo de Huffington Post en Internet salió una reseña de once líderes educativos en los EE.UU. que reconocen el rol que tuvieron sus maestros en su formación y cómo les cambió la vida.

Traduzco para ustedes la que más me gustó, la historia de Patrick Finley, subdirector de la Escuela Metropolitan Expeditionary Learning School.

“Aunque la mayoría de los maestros me vieron como un niño problema en la primaria, mi profesora de tercer grado, la Sra. Morris, vio algo diferente en mí. En su clase, por primera vez, sentí que una maestro estaba más interesada en encontrar algo que me motivara que tratar de mantenerme quieto con las hojas de trabajo. Ella me dio la oportunidad de hablar y buscó formas creativas de engancharme con el trabajo del aula. Por ello, cuando nosotros abrimos nuestra escuela algunos años atrás, le escribe una carta a la Sra. Morris para agradecerle por su paciencia e inspiración. Aunque habían pasado 30 años, ella me recordaba y tuvo no solo la gentileza de contestarme, sino que incluyó alguna fotos de nuestro grupo, porque eso es lo que ella es, una maestra de toda la vida que ama sus estudiantes y el tiempo que invirtió con ellos.”

Probablemente, es la historia de muchos. Y en estos tiempos en que, en muchos casos lo que se busca es la terapia para mantener tranquilo al inquieto, sumiso al curioso, contenido al creativo, no está de más aplaudir a todos aquellos maestros y maestras que ven más allá y acompañan a sus estudiantes para sacar lo mejor de ellos.


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Se acabó el Mundial: una última reflexión

Se acabó el Mundial… Nos ha tenido en vilo durante durante muchos días y muchas tardes… Lo extrañaremos un poco. Pero, además de recordar buenos partidos y jugadores, podemos sacar provecho, en cuanto nos dice cosas sobre la vida ordinaria y sobre la educación.

Escuchaba, por ejemplo, el día de ayer una entrevista en la radio sobre los “avances tecnológicos” aceptados por la FIFA y cómo va a cambiar esto a manera como vemos el fútbol. Es verdad que la televisión y el re-play nos permiten ahora ver detalles que antes no se veían. Pero soy de los que creen que las tecnologías y sus mediciones no pueden transmitirnos toda la riqueza de este deporte, el desempeño de los equipos y de los jugadores, y mucho menos, la pasión, la emoción, la alegría de ganar el partido (o el Mundial) o la tristeza de perderlo. Por la misma razón el campeón puede sufrir la peor pérdida, y un equipo pequeño puede asestarle varios goles al que va adelante. Por eso creo que algunos norteamericanos, acostumbrados a deportes que se transmiten con flujos interminables de estadística (la velocidad de la pelota, el desempeño del jugador en los últimos 10, 50, 100 partidos, etc.) no lo entienden como tampoco pueden entender que un partido de fútbol haya sido extraordinario aunque pueda haber terminado empatado 0 a 0.

Pasa lo mismo en educación. El aprendizaje es un proceso personal irrepetible, influenciado por muchos factores. Los buenos maestros saben que sus estudiantes aprenden de manera distinta, con estilos y ritmos distintos. Un buen maestro es quien despliega una serie diversa de estrategias y experiencias que buscan interesar y motivar a los distintos estudiantes para generar aprendizajes. Por ello, las pruebas estandarizadas que se han ido desarrollando en varios países ayudan a medir aspectos de los aprendizajes pero no pueden medirlo todo. En Perú hay pruebas estandarizadas que miden comprensión lectora en 2do grado de primaria, pero no pueden medir el placer de leer, que es también algo que las maestras y maestros deben promover en sus estudiantes. Las pruebas estandarizadas miden competencias específicas, en un momento concreto del año, pero no pueden medir efectivamente el esfuerzo que hace el maestro, el desarrollo del niño y cómo puede ir avanzando en su progreso personal. Y, además, hay áreas más complicadas de medir como la educación ciudadana, el trabajo en equipo, el arte y otras competencias blandas en las que algunos países han hecho ensayos pero no es práctica usual.

No estoy en contra de las pruebas estandarizadas, pero creo que hay que darle su justo valor y no convertirlas en un fetiche. Ya lo han señalado expertos educacionales como Alfie Kohn o Deborah Meier en un país que, además, tiene mucha más experiencia y tecnología para aplicarlas regularmente. Las pruebas estandarizadas son importantes para ciertas decisiones de política pública y para definir algunas estrategias generales. Pero no pueden captar toda la riqueza del proceso educativo, que seguirá siendo el trabajo de las escuelas, en las que el director o directora y sus maestros tienen que buscar la manera de conseguir los objetivos esperados. Como ya decía, en educación los goles se meten en las escuelas, en cada aula. Y es el rol de todo el sistema educativo ayudar y darles instrumentos para que puedan buscar la mejor manera de hacer su trabajo.

La tecnología seguirá llegando al fútbol como a la educación. Pero que no nos haga olvidar de las cosas importantes. Algunos dicen que “lo que no se puede medir, no se puede gestionar”. Pero, ¿quién dice que todo se tiene que medir y todo se tiene que controlar? No dejemos que esta ilusión de medirlo todo ahogue el fútbol que seguiremos disfrutando y el trabajo de muchos maestros y maestras, que más allá de las pruebas estandarizadas hacen muchas cosas extraordinarias cada día.


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Siete a uno: lecciones para la vida y la escuela

El 8 de julio del 2014 quedará en los anales de la historia del fútbol y la memoria de todos los hinchas del deporte. Brasil perdió por 7-1 ante una poderosa Alemania. Una tragedia para un grande del fútbol que nadie se esperaba. Pero, siendo el futbol una metáfora de la vida, como lo han mostrado columnistas y expertos recientemente, creo que podemos aprovechar para ver qué podemos aprender de este suceso.

Varios insisten en que Brasil perdió porque estaba sin dos de sus jugadores clave: Silva, inhabilitado por dos tarjetas amarillas y Neymar, por la lesión en la columna que lo sacó del Mundial. Otros señalan que el problema del equipo de Brasil es más estructural y que requiere toda una reingeniería para estar a la altura de un Pentacampeón. Otros encuentran la respuesta en Alemania, la manera cómo ha ido cambiando su juego, no sólo la firmeza de sus jugadores, sino el pase corto, la articulación de su equipo.

Sin embargo, más allá de la pena y la frustración por el resultado, ¿qué podemos aprender de esta derrota? ¿Qué puede decir a la educación, a los maestros y estudiantes?

Primero, no hay que dormirse en los propios laureles. Brasil, como local, era uno de los favoritos al campeonato. Tenía a toda la hinchada y el estadio a su favor. La derrota no estaba en el imaginario, por eso la perplejidad, el desconcierto. En educación también sucede. Buenas escuelas, buenos maestros necesitan reinventarse, innovar, seguir buscando la calidad.

Segundo, las individualidades son importantes pero lo importante es el equipo. Cuando una selección confía sólo en sus figuras, el vacío es muy grande cuando éstas faltan. En educación es claro que no necesitamos a Superman; las mejores experiencias que conozco son aquellas escuelas que han construido un equipo solvente de profesionales que trabajan y comparten la docencia. Un buen maestro no es el que se hace imprescindible sino el que “crea escuela”, el que trabaja con sus colegas y comparte sus saberes, el que forma a los maestros jóvenes y crea un estilo de trabajo que perdura más allá del tiempo en que él o ella está.

Tercero, la derrota es parte de la vida. Hay que perder con dignidad de la misma manera como se gana con honor. Los jugadores siguieron corriendo los 90 minutos. Los alemanes ganaron respetando al rival caído. Esto es el fair play y nos enseña que, tanto la victoria como los fracasos, nos enseñan, pueden ayudarnos a ser mejores. En educación es igual. El mejor maestro patina alguna vez, con algún grupo de estudiantes, en algún curso. No hay seguro contra el fracaso. Y hay que enseñar a los estudiantes que sepan cómo afrontar los traspiés de la vida, la presentación en que olvidaron lo que tenían que decir, el examen en que les preguntaron aquello único que no sabían, la competencia en que enfrentaron a un compañero que sabía más, hablaba mejor o simplemente en que los jueces consideraron de manera diferente los méritos. Saber perder es parte de esto que se llama formación del carácter y esto parece haberse perdido a veces en la educación actual.

Cuarto, no buscar culpables. Como dicen, “después de la guerra todos somos generales”, todos quieren tomar crédito por los éxitos. No sucede lo mismo cuando se pierde. Nadie quiere reconocer y dar la cara. En educación es igual. Los docentes tienen que dar ejemplo de lo que significa hacerse responsables por las propias acciones y decisiones. Los estudiantes deben aprender el valor de asumir los aciertos y desaciertos, aprender de ellos para poder seguir adelante.

Finalmente, como se dice, “al mal tiempo, buena cara”. No perder el aplomo, la dignidad, la sonrisa. A l fin y al cabo un partido es un partido, la vida continúa, vendrán otros partidos. No podemos quedarnos atorados en un fracaso, por más que sea un vergonzoso 7-1. Los maestros lo saben. La sesión más catastrófica puede ser seguida de una memorable. El grupo más difícil puede traer luego uno extraordinario. Vivir la vida con optimismo debe ser parte también de una educación que nos enseña a valorar la vida, pasar el trago amargo y seguir adelante con la frente en alto.


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Maestros que meten goles

 

 

Profesor Juan Cadillo. Tomado de http://www.presidencia.gob.pe

Profesor Juan Cadillo. Tomado de http://www.presidencia.gob.pe

José Antonio Encinas, este insigne maestro peruano, y que llegó a ser ministro de educación decía que “el más alto cargo que un ciudadano puede desempeñar en una democracia es el del maestro de escuela“

Ayer pensaba esto mientras participaba de la ceremonia de entrega de los premios de la 8va edición del concurso El Maestro que Deja Huella, organizado por Interbank, y en la que estuvieron la Primera Dama Nadine Heredia y el Ministro de Educación Jaime Saavedra. El profesor Juan Raúl Cadillo León se llevó el premio mayor, pero los otros 25 finalistas ya eran docentes ganadores de cada una de las regiones que representaban. Juan Raúl estaba ciertamente movido y dio unas palabras de agradecimiento a sus colegas que nos dejó a todos emocionados, agradeciendo a sus colegas y mostrando una calidad no sólo profesional sino también humana.

(c) Reuter, tomado de http://www.larepublica.pe

(c) Reuter, tomado de http://www.larepublica.pe

Pensando en el fútbol, que nos tendrá al vilo unos días más por el Mundial, pensaba en el reconocimiento justo que se hace a los jugadores. Tenemos tablas de goleadores, y los mejores se llevan jugosos premios como el Balón de Oro. James Rodríguez, Lionel Messi, Thomas Müller o Neymar Jr. son ídolos juveniles, ejemplos de capacidad y dedicación (por eso es que insisto que actitudes como la de Luis Suárez es reprobable).

¿Por qué las maestras y maestros excepcionales no reciben la misma atención? Jugar 90 minutos y meter goles es un arte difícil, que pocos pueden mostrar con singular maestría. ¿Pero no es también difícil, incluso más, atender 30 o 40 niños por varias horas, día tras día, acompañarlos, interesarlos, crear condiciones para aprendizajes significativos? ¿No es un reto monumental hacer lo mismo con 30 o 40 adolescentes que quisieran estar más bien jugando en línea, mirando videos o chateando por Whatsapp? ¿Cómo hacen muchos de estos maestros no sólo para enseñar lo que el currículo oficial les pide, sino y más, generar trabajo en equipo, interés genuino por el aprendizaje, pasión por algo? Estos son los maestros que recordamos, los que dejan huella, los que generan esa “intriga personal” de la que hablaba Bruner y que es la que hace explorar, buscar, desarrollar capacidades que pueden marcar nuestra vida, nuestras decisiones personales y profesionales.

Lo que sucede es que estos goles que meten cada día miles de maestras y maestros en nuestro país no se pasan en televisión, no los conversan sesudos comentaristas en programas radiales o son analizados en extensos artículos periodísticos en secciones o suplementos especiales.

Cuando me encuentro con este tipo de maestros, uno no puede hacer más que quitarse el sombrero. En costa sierra y selva, en escuelas grandes, o en escuelas multigrado donde hay solo 2 o 3 profesores, o trabajando solo, en una escuela unidocente rural, estos héroes cotidianos hacen cosas extraordinarias con sus estudiantes, con la comunidad: desarrollan espíritu científico o matemático de maneras que quisieran colegios prestigiosos, reciclan y producen, investigan y escriben textos propios con sus estudiantes, usan las computadoras que no son de última generación y a veces ni siquiera están conectadas a Internet para generar una cultura digital impensada, incentivan a sus estudiantes a soñar y superarse cada día.

No se puede crear un premio para cada uno de estos maestros y maestras, pero sí hay algo que hacer: reconocimiento social. Esto es lo que comenzamos a hacer en el MINEDU con el Plan Perú Maestro pero que, por supuesto requiere más compromisos hoy y en el futuro. No en vano, como ha mostrado un estudio internacional TALLIS, en 24 países de la OECD, señala que 3 de cada 4 maestros creen que no recibirán reconocimiento por mejorar la calidad de su trabajo ni por hacer innovaciones.

Felicito iniciativas como la de Interbank y espero que el reconocimiento a los buenos maestros se haga mayor, no sólo en el día del maestro, sino de manera permanente.