Intriga Personal

“Me apasiona la enseñanza; disfruto, quizá de un modo narcisista, induciendo en los demás el interés por problemas que me intrigan personalmente” Jerome Bruner


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No-mandamientos en educación. ¿Qué hacer?

Trahtemberg

(c) Fuente: Andina

León Trahtemberg ha escrito en su blog un conjunto de diez “no-mandamientos” que hay que tomar en cuenta para las políticas educativas, en referencia a los mandamientos que el presidente Kuczynski señaló a sus ministras y ministros. El tema resulta interesante y van acá algunos comentarios, con el fin de estimular el debate.

Detrás de las sugerencias de Trahtemberg hay algunos puntos centrales que vale la pena analizar. El primero parece ser esta discordancia que se presenta entre las normas y la realidad, entre lo que piensan los políticos y funcionarios “de escritorio” y los actores que están en la escuela. Esto es reconocer una realidad innegable: nuestro país, y también nuestra educación es diversa, multicultural y variopinta. Creo que nadie puede arrogarse la facultad de entenderla y apreciarla en toda su dimensión. No hay solo dicotomías (las más usuales son aquellas entre lo urbano-rural; Lima-regiones; educación pública-educación privada), sino caleidoscopios, pues dentro de cada una de ellas hay mayores diversidades. Por otro lado, están las normas. Y es función del MINEDU normar, aunque no sólo él. Las normas deberían poder recoger la diversidad, pero no es tarea fácil. Es sabido que muchos funcionarios públicos esperan que las normas le digan, de manera “clara y distinta” qué hacer. Deberíamos tener funcionarios con mayor capacidad de decisión, con más sentido común, pero son los menos los que se arriesgan a interpretar la norma, y cuando lo hacen es sobre todo en favor suyo y no del estudiante o el usuario del sistema educativo. Lo mismo pasa con los docentes: ¿cuántos son capaces de tomar el currículo y aplicarlo de manera flexible según la situación e intereses de sus estudiantes, buscando temas articuladores que combinen competencias de distintas áreas del mismo? Sabemos que hay muchos maestros que prefieren comprar aquellos manuales que les ofrecen planes de clase ya estructurados y que les ahorran el trabajo de preparar ellos mismos sus sesiones de aprendizaje ¿Hay alternativa? Por supuesto. Hay que hacer esfuerzos para mejorar la formación inicial de docentes y presentar estos dilemas en la capacitación en servicio de los docentes actuales. Hay que seguir capacitando y dando asistencia a los funcionarios del Ministerio, de las DRE y UGEL y destacar las buenas prácticas de aquellos que saben utilizar la norma de manera proactiva para lograr los resultados de orden superior. Ver aquí.

En segundo lugar, Trahtemberg pone el dedo en la llaga en un problema estructural: la desarticulación de las unidades del MINEDU. Se comenzó un proceso de transformación durante la gestión de la Ministra Salas, pero la tarea sigue pendiente. No es solo la desarticulación dentro del Ministerio, sino entre distintos sectores que tienen que ver con la educación (Salud, Desarrollo e Inclusión Social, Cultura, etc.). He trabajado en dos Ministerios y puedo dar fe de lo complicado que es articular. No existen suficientes incentivos al funcionario público para hacerlo, metido como está en conseguir cumplir con su propio Plan Operativo Institucional (POI), sus metas, y con ejecutar su presupuesto. Y además de ello, articular con otros niveles de gobierno. Hay experiencias importantes e iniciativas valiosas en los últimos años para construir una gestión descentralizada con enfoque territorial, pero todo esto está aún en construcción y se requiere mucha voluntad y mecanismos efectivos para conseguir los resultados. No basta voluntad política, la articulación debe darse en todos los niveles del sistema y es necesario, por tanto, una planificación más organizada y una articulación a nivel presupuestal, que facilite los procesos. Hay iniciativas interesantes que hay que continuar tales como Aprende Saludable y el trabajo que varios viceministros y viceministras realizamos en el marco de la Comisión Interministerial de Asuntos Sociales para la Amazonía (CIAS Amazonía) para impulsar el trabajo coordinado en las comunidades amazónicas, con un enfoque intercultural.

En tercer lugar, un reto pendiente es cómo se articula el tema de las condiciones mínimas para impulsar aprendizajes efectivos y las dimensiones más avanzadas de los sistemas educativos. León tiene razón cuando afirma que es un error “asumir que la visión del sistema educativo es lograr prioritariamente que los alumnos respondan bien a pruebas de matemáticas y lectura, además de construir colegios”. Ciertamente, la infraestructura es insuficiente para mejorar aprendizajes, pero con 66 mil millones de déficit en infraestructura educativa y mobiliario, no puede ser un tema menor hasta que se pueda cerrar la brecha. Otros elementos innovadores que nos pueden llevar a la educación del siglo XXI requieren algunas condiciones de base, y éstas no se han conseguido aún para la gran mayoría de escuelas. Por supuesto, hay que seguir invirtiendo en los docentes, promover e incentivar la innovación, impulsar el trabajo entre pares y crear redes de aprendizaje que conecten a profesores experimentados con los que no lo son tanto. Ver, por ejemplo, aquí. Estos son los cambios más difíciles y no se ven de la noche a la mañana, pero no por ello hay que dejar de insistir en ello.

Finalmente, hay un tema de participación que está detrás de algunos de los puntos de León señala. Escuchar a los propios docentes, a los investigadores, a los propios padres y madres de familia. Es evidente que ninguno tiene una visión completa del sistema, pero no se puede desatender la opinión del usuario del sistema educativo. No podemos olvidar, que más allá de los planes, programas presupuestales, matrices de gestión o cualquier instrumento, está el derecho de los ciudadanos de recibir una educación de calidad. Hay avances en los últimos años, innegables, pero muchos peruanos y peruanas sienten que no reciben la educación que merecen y requieren. Ahora hay muchos más canales para hacer oír nuestra voz, pero es verdad que a veces también hay mucho ruido en las redes sociales. Se necesita desbrozar el trigo en medio de tanta paja, pero las voces están allí, de muchos padres y madres, docentes y estudiantes señalando lo que esperan del sistema educativo peruano.


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Maestros Excelentes

Tomado de http://www.presidencia.gob.pe

Nadine Heredia: “El corazón de la reforma educativa en Perú es la revalorización de la carrera docente.”

Hoy estuve en el Foro Regional “Soluciones en Educación Hacia Profesores Excelentes”, organizado por el Banco Mundial y la Pontificia Universidad Católica del Perú en el que se presentó el estudio “Profesores Excelentes. Cómo mejorar el aprendizaje en América Latina y El Caribe”, elaborado por Barbara Bruns y Javier Luque. En el evento estuvieron presentes la Primera Dama Nadine Heredia, el Ministro de Educación Jaime Saavedra, el rector de la PUCP, Marcial Rubio y el Vicepresidente del Banco Mundial Jorge Familiar. El evento y el panel subsecuente estuvo moderado por el periodista Augusto Álvarez Rodrich.

El informe es interesante dado que describe el perfil de los maestros en América Latina y los cambios que se han producido en los últimos años. Usando una metodología validada en los EE.UU. (método Stallings) el estudio muestra que, en 7 países de la región, no más del 70% del tiempo de clases es empleado en la enseñanza o la interacción del maestro con los estudiantes; el resto del tiempo los maestros no están en clase o dedican el tiempo a asuntos que no tienen que ver con el aprendizaje. Se proponen diversas estrategias para reclutar mejores profesores, capacitarlos mejor, motivarlos para que mejoren su desempeño y cómo conseguir desarrollar esto que llaman “maestros de excelencia”.

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Profesores Excelentes

Es un trabajo que vale la pena revisar pues tiene un buen fundamento teórico, revisión de la literatura internacional y el trabajo de campo en 15,000 aulas que sustenta muchos de los resultados y propuestas. Bruns señala, con acierto, que hoy no es posible hacer política educativa sin datos.

Volvemos, pues a un tema mayor de la política educativa. No es posible lograr cambios efectivos en educación si no revaloramos a los maestros y si no hacemos lo necesario para contar con los mejores maestros. Esto implica varias cosas: por un lado, atraer mejores jóvenes a la carrera. Pero esto no basta para resolver el problema. Como señala Patricia Arregui, es difícil determina a priori quién será buen maestro, sólo a partir de su trayectoria de formación. Los maestros se convierten en tales en los primeros años de su ejercicio profesional y adquieren una identidad propia como docentes. Por ello, los programas de inducción para profesores principiantes son críticos, para evitar, como pasa en algunos países del Norte donde entre 30 y 50% de los docentes se retiran en esta etapa, no solo malos sino también potenciales buenos maestros que podrían llegar a serlo si tuvieran un poco más de apoyo y seguimiento.

Es necesario, igualmente, la colaboración entre colegas, una práctica muy difundida entre maestros de Finlandia y Ontario (Canadá) y que es una de las buenas prácticas en el proyecto Escuelas de Mañana de Río de Janeiro. En Perú se ha impulsado el acompañamiento pedagógico, sobre todo en escuelas rurales, y el impacto en logros de aprendizaje se ha visto en las pruebas ECE. El acompañamiento ha funcionado bien cuando el acompañante es otro maestro con experiencia que puede darle una retroalimentación adecuada a su colega y apoyarlo en sus prácticas pedagógicas.

Asimismo, es necesario seguir mejorando los salarios de los docentes. La Ley de Reforma Magisterial promulgada en el 2012 ha ordenado definitivamente el tema salarial, puesto a todos los maestros dentro de una misma carrera y simplificado todo el sistema de incentivos. Pero, a pesar de los incrementos, como lo ha señalado el mismo ministro Saavedra, los salarios de los docentes peruanos son más bajos que varios de sus pares latinoamericanos, la mitad del de sus colegas mexicanos o colombianos. Mientras los maestros sigan ganando menos de 1,300 soles como salario de entrada, será difícil atraer de manera real a los mejores profesionales a esta tarea.

Finalmente, un tema destacado por algunos de los comentarios al estudio es el carácter colectivo de la mejora docente. Como lo he señalado en un post anterior, no bastan héroes ni individualidades. Claudia Costin, nueva jefe de la división de Educación del Banco Mundial y antigua secretaria de educación de Río de Janeiro recordó que es arriesgado atribuir el éxito de un estudiante de tercer grado solamente a su maestro o maestra. Los docentes que le enseñaron antes, en primero o segundo tendrán seguramente parte del mérito. Por eso hay que insistir en incentivos colectivos y en el liderazgo del director de la escuela, que es crítico para crear la cultura escolar necesaria para mejorar el trabajo.

Grandes retos, por cierto, pero es bueno que miremos nuevamente a los maestros y pensemos en la centralidad de su rol para las auténticas reformas educativas, aquellas que parten del aula y trascienden a todo el sistema.


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El juego se decide en la media cancha: las UGELs en el Perú

En este ambiente mundialista, los equipos dan lo mejor de sí. Pero los que van adelante son los que aseguran la media cancha, como dicen los expertos en el deporte rey.

En educación quienes meten los goles son los maestros, los que están en primera línea. Pero ¿cómo está nuestra media cancha, es decir, los órganos intermedios, las Unidades de Gestión Educativa Local (UGELs)? Para muchos, el problema de la educación reside en ellas, por una mezcla de corrupción, inoperancia y falta de capacidad para apoyar y supervisar a las escuelas. Salvo algunos estudios focalizados, es poco lo que sabíamos de las UGELs. Por eso, como parte de la reforma de la gestión educativa, a fines del 2013 realizamos un estudio evaluativo en el total de las UGELs del país, que suman 218. Como es sabido, las UGELs son los brazos operativos de los Gobiernos Regionales para implementar los servicios educativos, salvo en Lima Metropolitana, donde aún las 7 UGELs dependen directamente del Ministerio de Educación.

Este estudio (“Censo de las UGELs”), que no ha sido hecho público aún en su totalidad, pero que ya ha sido reconocido como una Buena Práctica de Gestión Pública, revela aspectos interesantes que habrá que tener en cuenta para futuras decisiones de política educativa:

  • 27% de las todas las UGELs no son unidades ejecutoras, es decir que manejan su presupuesto. Sin embargo, hay gran dispersión de casos y no siempre asociado a mejores logros: en el caso de Puno, Cajamarca o Lima Metropolitana, todas son ejecutoras; en Madre de Dios, Tacna o la mayoría de Arequipa son sólo UGELs operativas. ¿Debemos avanzar a que todas sean ejecutoras? Probablemente sí, pero esto no va resolver los problemas por sí solo.
  • Faltan capacidades de planificación, sobre todo a mediano y largo plazo. Sólo el 33% de las UGELs tienen un Plan Estratégico Institucional. Y aunque el 93% de las UGELs tiene un Plan Operativo Anual, sólo el 75% lo ha aprobado formalmente.
  • Muchas UGELs no cuentan con las condiciones básicas para hacer su trabajo: 43% del total tiene que compartir su local con otras instituciones (colegios, institutos, viviendas privadas, locales comerciales o mercados), 22% no cuentan con espacio adecuado para almacenar los materiales educativos que les envían para las escuelas. El 7% de las UGELs no tiene acceso a Internet. Además, 20% de los vehículos disponibles (para las tareas de supervisión o apoyo pedagógico a las escuelas) están inoperativos.
  • Respecto del personal, sólo el 30% de los trabajadores de las UGELs pertenecen al área pedagógica, por lo que, el trabajo de apoyo a las escuelas es limitado. En UGELs urbanas de ciudades grandes el personal es insuficiente para apoyar y supervisar no sólo a las escuelas públicas sino a los colegios privados que han surgido por doquier. En la UGEL 5 de San Juan de Lurigancho, por ejemplo, hay 115 profesionales para trabajar con los 2,140 colegios de la zona, y sólo 3 de ellos están a dedicación exclusiva para atender a 1,254 colegios privados.
  • Otro gran déficit en las UGELs es el seguimiento de la infraestructura. Sólo la mitad de las UGELs tienen un especialista en infraestructura educativa. Los Gobiernos Regionales tienen oficinas de infraestructura pero muchos de los pedidos van directamente al Ministerio.
  • El promedio de tiempo en el cargo que tienen los directores de UGEL son 14 meses, pero este promedio es de 8 meses o menos en Cusco, Junín, Apurímac, Tumbes, Huancavelica y Madre de Dios; y mayor de 20 meses sólo en Lima Metropolitana, Callao, La Libertad y Arequipa. Conociendo los ciclos presupuestales, se necesitan al menos un par de años para poder generar un impacto significativo en la gestión pública con sello propio, por lo que la alta rotación es uno de los puntos más complicados para la continuidad y sostenibilidad de las políticas en el nivel central.

Esperamos que el MINEDU haga público a la brevedad este estudio y continúen los esfuerzos para modernizar las UGELs, no sólo las de Lima, sino sobre todo aquellas que sirven a las escuelas más apartadas y rurales del país. En la media cancha se decidirá si el Perú quiere ir por la ruta mundialista en la educación que todos esperamos construir para nuestro país.


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¿Es posible el fair play en la política peruana?

La política peruana está desprestigiada. No hay político peruano cuyo porcentaje de aprobación sea mayor que su desaprobación. Según un estudio del año pasado más del 41% de los peruanos no se identifica con ninguna tendencia ideológica, y mucho menos milita en partidos políticos. Está instalada muy fuertemente la idea de que los políticos son, por defecto, inmorales, corruptos y mentirosos. Como dice Mario Vargas Llosa en una reciente entrevista, los jóvenes tienen hoy una actitud cínica ante la política y piensan que dedicarse a ella “es una pérdida de tiempo”.
Sin embargo, sin gente profesional y honesta que acepte involucrarse en el Estado es imposible avanzar en los objetivos de justicia e inclusión social, para que todos nuestros conciudadanos ejerzan sus derechos y reciban los servicios que se merecen. En base a mi experiencia de casi tres años como viceministro, quiero destacar algunas ideas que me llevan a creer que sí es posible el fair play en la política peruana. Igual que en el futbol, las malas prácticas pueden ayudar a salvar el momento, pero no permiten construir una selección mundialista:
1. Es necesario reivindicar el sentido del servicio público. Todos los que trabajan en el Estado son, desde el Presidente hasta el último funcionario, servidores públicos. En todo este tiempo he encontrado mucha gente que, sin muchos aspavientos, trabaja de manera honrada y comprometida, con horarios extendidos que los obligan muchas veces a sacrificar tiempo de sus familias y tiempo personal. Por cada caso de corrupción que involucra a algún funcionario público hay otras 10 o 100 personas que trabajan arduamente cada día.
2. Es urgente darle un significado nuevo a la noción de autoridad en el Estado. En todo este tiempo he conocido varias personas con una visión distinta, convencidos de la importancia de liderar con el ejemplo, conscientes de que es mejor persuadir que mover a otros por imposición o temor. Directores, coordinadores de equipo, acompañantes pedagógicos: hay mucha más gente con esta visión de liderazgo que la que uno cree y éste es el verdadero sostén de las reformas y de muchas iniciativas que se han desarrollado en estos años. Necesitamos más autoridades que sean líderes y no sólo jefes.
3. En la función pública es necesario tomar decisiones. Pero la rigidez de muchas normas incentivan lo contrario: por ello hay varios funcionarios que prefieren no actuar para no equivocarse y por tanto no ser sancionados. Pero no son la mayoría. Existe la ilusión de que la “Alta Dirección” es la que toma las decisiones, pero lo cierto es que, para que los materiales sean distribuidos, la capacitación de los maestros se realice, o el mantenimiento de las escuelas se haga, se requiere una cadena de decisiones articuladas, lo que permite que la gestión sea efectiva. Todos decidimos, y es deseable, bajo un liderazgo claro de las más altas autoridades, que caminemos todos en la misma dirección.
4. Ante las múltiples demandas, es urgente priorizar. Cuando uno está en la gestión pública se ve confrontado con muchas necesidades y demandas. Uno se mueve al ritmo de tres tiempos: los temas del día a día, los temas de fondo (que generalmente son de mediano y largo plazo) y las urgencias (mediáticas, en gran parte). Muchos se pierden en el día a día y se estresan con las emergencias. Pero he encontrado también muchos colegas que no renuncian a las reformas de fondo, aquellas que son las que van consiguiendo crear un Estado más eficiente, servicios oportunos al ciudadano, una lógica descentralizada, participativa y transparente.
5. No hay fair play si transamos con la corrupción. Creo que tenemos que insistir en una política de cero corrupción, ni la grande ni la pequeña. Desde la perspectiva de servidores públicos debemos reconocer que todos protegemos los bienes e intereses del Estado porque son, al fin y al cabo, los bienes e intereses de nuestros conciudadanos.
6. Finalmente, no siempre es posible decir la verdad, pero esto no implica mentir. Cuando uno está en política sabe que no siempre es conveniente o posible decir todo lo que se sabe o piensa. Pero se pueden decir las cosas de cierta manera, destacando algunos puntos sobre otros. No es verdad que todos los políticos sean mentirosos. Hay mucha gente que hace su trabajo sin presumir, de manera trasparente.
Sí es posible jugar bien en la política, sin meter mano, sin lesionar al rival y con la mirada puesta en lo que realmente importa, que es un mejor país. Me siento contento de formar parte de un grupo que ha jugado así en los tres años recientes y sé que hay muchos más que lo hacen y harán desde distintos lugares y responsabilidades en el Estado.


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El otro Mundial

El fútbol es una buena metáfora para la educación. En medio de la fiebre futbolera deberíamos aprovechar para recordar algunas cosas que son clave para impulsar las políticas educativas:
1. El Perú no puede conformarse con una educación de segunda o tercera división. Como país de ingresos medios, tenemos que avanzar hacia la educación que nos merecemos como país. No basta tener unos pocos chicos que pueden competir en la escena internacional si es que la mayoría de los estudiantes no logran los aprendizajes esperados. Una buena educación, que combine calidad e inclusión, es la clave del éxito, una política mayor como decía Ricardo Morales. Ya lo están planteando otros países de la región y aquí es donde debemos ciertamente hacer el propósito de no quedarnos atrás.
2. Hay que tener objetivos claros y trabajar con sentido de propósito. En el futbol, la meta es ganar. Jugar bonito pero meter goles. Todos deben trabajar para esto, desde el entrenador, el hincha. En educación, ¿sabemos qué queremos? Está claro en el Proyecto Educativo Nacional (PEN). Que TODOS los estudiantes aprendan y que desarrollen las competencias que les permita seguir aprendiendo a lo largo de la vida para ser mejores ciudadanos y aportar al desarrollo del país y de sus propias comunidades. Todo debe estar orientado a esto. La meta no son porcentajes en pruebas o un puesto mejor en la prueba PISA. Es verdad que estas evaluaciones ayudan a ver cómo avanzamos, pero no remplazan una auténtica opción de poner los aprendizajes al centro de todo lo que se hace.
3. El éxito comienza en las ligas menores. Muchos países mundialistas son exitosos porque comienzan el trabajo con los jugadores desde muy jóvenes. En educación es igual. No hay manera de compensar lo que no se hace con la educación inicial. No es sólo porque los primeros años de la vida de cualquier persona son insustituibles, sino porque es un derecho que asiste a todos. Más y mejor educación inicial es clave para el éxito futuro.
4. Entrenar, con persistencia y convicción. Como todo deporte, no hay éxito en el fútbol si no hay entrenamiento y dedicación. Alguna prensa vende la imagen de los futbolistas como extraordinariamente interesante y glamorosa. Pero no hay duda que no es posible mantenerse en las ligas mayores si dedicación ni esfuerzo. En educación, la exigencia es semejante. Además porque los goles educativos no se ven de manera inmediata. Tanto el maestro como el funcionario de educación requieren perfeccionar su trabajo: para trabajar mejor con los alumnos como para mover los procesos que permiten a las escuelas avanzar en sus logros.
5. No bastan las estrellas. Muchos admiramos a los Ronaldos, a los Messis. Pero lo que importa, al final del día, es un grupo humano que funcione como un solo equipo, con eficacia pero también con pasión. En educación eso es lo que hemos hecho en los últimos tres años. Construir un Ministerio que funcione como un equipo no es sencillo. El protagonismo ha estado repartido y muchos jugamos compartiendo la pelota, sumando en los goles y asumiendo colectivamente los tantos en contra, los fouls… Hemos jugado en pared con los equipos regionales, porque en este caso la cancha es grande, muy grande, y un equipo solo no puede hacerlo todo. Es un reto por seguir y ahora es claro que el partido no termina en 90 minutos y hay que seguir jugando todo el campeonato y más allá. La educación requiere equipos que no se desanimen por los fracasos de un partido sino que jueguen toda la temporada.
6. Todos los puestos son importantes. Los defensas, los volantes, los delanteros, el arquero; pero también todo el soporte técnico y los hinchas. Igual en educación. Quienes están en primera línea son claramente los maestros. Ellos son los que meten los goles y tienen que hacerlo en cada escuela, en cada aula. Pero no pueden hacerlo sin el apoyo de los equipos de gestión tanto en el Ministerio como en las instancias intermedias. Si la pelota no va de un lado a otro, el riesgo de perder es mayor. Un buen entrenador reconoce eso, y permite que cada jugador desarrolle sus mejores potencialidades. El que mete el gol solo lo puede hacer por el trabajo invisible de muchos de sus compañeros, incluso antes de que comience el partido, en horas largas de entrenamiento y preparación.
7. La plata no es todo, pero es necesaria. Tener recursos puede ayudar para contratar a un entrenador experimentado (aunque alguno bueno no quiera arriesgar su prestigio por más dinero que le ofrezcan). El dinero puede ayudar en la preparación, en los partidos de práctica, en la preparación física y emocional. Pero solo una inversión constante puede hacer que el fútbol se juegue en todas partes, desde chicos, y se identifiquen y acompañen a los jugadores desde las divisiones menores, con infraestructura adecuada. En educación es igual: no podemos esperar milagros con sólo 3% del PBI para educación. Todavía faltan por construir muchas escuelas, mejorar el salario docente e invertir en programas que incidan en la mejora de aprendizajes. No basta que invierta el nivel nacional, también deben hacer de esto su prioridad los gobiernos regionales y locales, y no sacrificar presupuesto educativo por obras que tienen otra finalidad.
8. QUEREMOS IR AL MUNDIAL. Esa es la aspiración del hincha peruano, del ciudadano de a pie. No hay fórmulas mágicas, nada que pueda apurar o resolver en poco tiempo lo que no hemos hecho en años, ni mago ni fantásticos que logren la hazaña. En educación es igual; nos podemos y debemos alegrar por las victorias, por algunos partidos en que la hacemos. Pero, en definitiva, se necesita un esfuerzo sostenido, de muchos gobiernos, para estar en el Mundial de la educación. Más allá de la foto, o de los rankings que son y serán siempre relativos, este mundial se gana si hay cada vez más niños que aprenden, que logra su derecho a la educación en condiciones favorables, con el apoyo de sus familias y de maestros que son socialmente reconocidos, mejor pagados y con oportunidades para desarrollarse personal y profesionalmente. Hacia allá vamos y estos 3 últimos años me han demostrado que hay muchos hinchas dispuestos a rajarse por este sueño.


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¿Menos burocracia o una mejor burocracia? El caso de educación

(c) Tomado de http://www.semana.com

(c) Tomado de http://www.semana.com

Una entrevista en el diario Gestión a James Robinson, el autor del libro “¿Por qué fracasan los países? parece haber pasado inadvertida por el tema del Mundial de Fútbol que comienza hoy en Brasil, o los asuntos políticos de la discusión en el Congreso de los informes de la Megacomisión o el paquete de medidas para enfrentar la desaceleración económica. Las afirmaciones de Robinson, además, no creo que gusten a algunos de los defensores acérrimos del mercado en nuestro medio. Para ellos, el Perú debería transitar por la ruta de mayor desregulación y oportunidades para que el sector privado resuelva los problemas que el Estado no ha podido resolver.

El periodista Augusto Álvarez Rodrich es uno de los pocos que destaca el punto de vista de Robinson en su columna diaria en el diario La República. Resume AAR de esta manera los argumentos de Robinson: “… más allá de la buena macroeconomía –indispensable pero insuficiente–, el principal obstáculo peruano es la debilidad institucional, un asunto que es político, no técnico, y que pasa por proveer buenos servicios públicos al ciudadano, una política que funcione con partidos modernos y no clientelistas, reducir los monopolios, promover el derecho de la competencia, y profundizar la democracia con controles y contrapesos bien establecidos que eviten el poder que corrompe.”

¿Qué podríamos decir respecto de uno de los sectores más complejos del país, educación? Nada más cierto que esto. La raíz de los problemas, que comenzaron hace tiempo, no está en los maestros, ni en los materiales, ni en currículo per se. Está en la debilidad institucional de un Ministerio que tiene que atender 90,000 escuelas, 49,000 locales escolares, 8 millones y medio de estudiantes (sin contar la educación superior, que es otro cuento). No es posible hacer esto sólo desde Lima. Por eso, desde el 2011 con la gestión de la Ministra Salas y luego con el Ministro Saavedra, se ha definido toda una estrategia no sólo para fortalecer al MINEDU, sino para convocar a las regiones, definir metas de gestión, incentivar procesos y buenas prácticas. No es sólo que la responsabilidad del servicio educativo recae por norma en las regiones, sino que no es posible hacerlo de otro modo. El fallido experimento del plan piloto de Municipalización mostró que partir la educación en 1850 partes era un error, porque aún encargada a 25 gobiernos regionales sigue siendo un reto.

Hay burocracia en el Ministerio y las regiones, pero esto no es malo en esencia. Más bien, en el tiempo que hemos estado en el MINEDU, hemos estado impulsando procesos para perfeccionar y fortalecer una buena burocracia que permita sostener los cambios que se comenzaron a impulsar en aprendizajes (expansión de la educación inicial, reforzamiento de la educación intercultural bilingüe, nuevo marco curricular) y en la carrera docente (la Ley de Reforma Magisterial). Muchos de estos esfuerzos no son conocidos, pero son muestra de que, como en los esfuerzos serios de la vida, hay que actuar tanto en los temas urgentes como en los importantes.

En los casi tres años desde el 2011, se ha trabajado muy fuerte para cambiar de una lógica funcional a una lógica de procesos. Esto es importante, porque ha permitido identificar las claves del “negocio” de educación y como orientar esfuerzos dispersos en varias áreas y oficinas a lo central del Ministerio: el logro de aprendizajes pertinentes y efectivos. Algunos gobiernos regionales, con apoyo del MINEDU, comenzaron a hacer el mismo camino y el objetivo es poder contar con una gestión con enfoque territorial. Callao no se puede organizar de la misma manera que Moquegua o Loreto. Cada ámbito requiere una manera distinta de organizar su gente, sus recursos, su manera de llegar y atender a sus estudiantes, sus escuelas y maestros. Este enfoque de gestión descentralizada es clave en momentos como éste, en que se corre el riesgo de tirar el agua sucia de la tina con el niño dentro: hay limitaciones en varios Gobiernos Regionales, pero no es posible gestionar adecuadamente el sector educativo si no se fortalece el proceso de descentralización en curso, no sólo impulsando a los que van delante, perfeccionando los mecanismos de incentivos y control (como los acuerdos de gestión) y la asistencia técnica a medida. La recentralización no es posible ni es una opción viable.

Finalmente, estos procesos de reforma institucional nacen, continuan y terminan con personas. Mientras se implementa la Ley Servir, se requiere crear una nueva cultura de servicio y trabajo. El MINEDU, sólo entre el 2012 y el 2013 se capacitaron a cerca de 3,000 funcionarios, incluyendo personal de las regiones, en el marco del Plan de Desarrollo de las Personas. Se ha atendido no solo a especialistas sino a personal administrativo. Algunos de ellos nunca habían recibido capacitación, nunca habían entendido con claridad cómo al trabajo que hacían tenía impacto final en niños o jóvenes aprendiendo, o recibiendo sus materiales a tiempo. Es complicado transformar maneras arraigadas de ver las cosas, de interactuar con colegas. Pero se está haciendo, también con funcionarios de las regiones, cambiando la manera usual de hacer y ofrecer el servicio educativo.

Como dice Robinson, “el cambio es perfectamente factible en el Perú, pero el cómo se hace es un proceso político que viene de un mejor funcionamiento de la democracia…” Hemos estado impulsando un cambio en educación, es imperativo que continúe y no se detenga.