Intriga Personal

“Me apasiona la enseñanza; disfruto, quizá de un modo narcisista, induciendo en los demás el interés por problemas que me intrigan personalmente” Jerome Bruner


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Pedagogizar la marcha

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El Perú marchó ayer, 13 de agosto, en contra de la violencia contra las mujeres y en favor de políticas más efectivas y mayor conciencia ciudadana para erradicar este mal que sigue aquejando desde antaño a nuestra sociedad.

Estoy esperanzado, como muchos de mis colegas maestros y maestras, que esto ha sido tratado en las aulas, o podrá ser conversado mañana en muchos colegios, con chicas y chicos de primaria o secundaria (¿y por qué no en instituciones de educación superior, también?). Porque de eso se trata la pedagogía, de aprovechar lo que ocurre en el contexto, para convertirlo en objeto de enseñanza y excusa para el aprendizaje.

¿Qué es lo que tienen que hablar las maestras y maestros con sus estudiantes? En primer lugar, sobre el problema mismo, sobre la persistencia de la violencia contra las mujeres en nuestra sociedad. Esta ha sido abordada extensamente en los medios en estos días. Basta mirar las cifras y los testimonios. ¿Somos capaces, como maestras y maestros, de interesar a nuestros estudiantes en el tema?

En segundo lugar, hablar sobre la participación. No es posible hacer cambios profundos en nuestra sociedad si los ciudadanos no participamos. Es verdad que las autoridades y las instituciones tienen un rol preponderante en ello, y por eso lo exigimos. Pero sin acción de la ciudadanía, no se podrán conseguir resultados sostenibles. Marchar es una metáfora de dicha participación. No es quedarnos en el margen, como espectadores de lo que sucede en nuestro país, inactivos mientras el problema no nos toque personalmente o a las personas cercanas a nosotros. Es ponernos en camino, organizarnos y actuar. La historia de nuestro país contiene muchas historias al respecto. Y no solo de protesta por protestar. Obviamente, marchar no es suficiente para que se den los cambios, sino como expresión de voluntad, de querer hacer algo y hacerlo con otras y otros, bajo las mismas banderas y compartiendo convicciones y propuestas.

En tercer lugar, conversar sobre el tema del género, la violencia y la discriminación basada en género. Es cierto que estamos combatiendo la violencia que acaba con la vida de muchas mujeres a manos de sus parejas o exparejas, la violencia dentro de la familia o en el espacio público. Pero ello no se crea de la nada. Se alimenta de expresiones culturales y creencias arraigadas que comienzan en la familia, se potencian en la escuela y en la vida social en general. Hay que hablar con los estudiantes sobre los mensajes que recibimos mujeres y hombres desde que nacemos sobre cómo hay que hacer y cómo actuar, sobre la manera como expresamos nuestras ideas y sentimientos. Todas esas ideas y prejuicios crean una forma de ser en la sociedad que es permisiva con la violencia pero que comienza considerando como aceptable la idea de que las mujeres son débiles, objetos sexuales, subordinadas y que su espacio “natural” es el hogar y que son las responsables principales (y a veces únicas) del cuidado de los otros. No es casualidad, luego, que esto se traduzca en que las mujeres tengan menor acceso al trabajo remunerado y que, aunque trabajen fuera del hogar tengan más horas de trabajo a la semana que los varones porque además de trabajar fuera del hogar se sigan encargando de la mayoría de responsabilidades domésticas. O que ganen menos que los hombres, aunque hagan el mismo tipo de trabajo.

Hay que conversar de esto con los estudiantes, con todos, no solo con las chicas. Esto es algo que nos afecta a todas y todos, no solo a ellas. Nos afecta como sociedad. Y si aspiramos ser un país del primer mundo, conseguir nuestro asiento entre los países de la OECD, no lo haremos solo por tener un PBI per cápita mayor o instituciones modernas. Lo haremos si erradicamos estas concepciones sociales y estas prácticas que siguen destruyendo la vida de muchas mujeres. Este tema tiene que entrar en la escuela porque ya está allí. La educación es parte del problema, pero tiene también la semilla que permitirá resolverlo. Colegas maestras y maestros. Si aún no has hablado de ello con tus estudiantes, aprovecha, hazlo ya. Que #NiUnaMenos no sea una anécdota, sino el comienzo de nuevos esfuerzos para transformar nuestra sociedad.


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Se acabó el Mundial: una última reflexión

Se acabó el Mundial… Nos ha tenido en vilo durante durante muchos días y muchas tardes… Lo extrañaremos un poco. Pero, además de recordar buenos partidos y jugadores, podemos sacar provecho, en cuanto nos dice cosas sobre la vida ordinaria y sobre la educación.

Escuchaba, por ejemplo, el día de ayer una entrevista en la radio sobre los “avances tecnológicos” aceptados por la FIFA y cómo va a cambiar esto a manera como vemos el fútbol. Es verdad que la televisión y el re-play nos permiten ahora ver detalles que antes no se veían. Pero soy de los que creen que las tecnologías y sus mediciones no pueden transmitirnos toda la riqueza de este deporte, el desempeño de los equipos y de los jugadores, y mucho menos, la pasión, la emoción, la alegría de ganar el partido (o el Mundial) o la tristeza de perderlo. Por la misma razón el campeón puede sufrir la peor pérdida, y un equipo pequeño puede asestarle varios goles al que va adelante. Por eso creo que algunos norteamericanos, acostumbrados a deportes que se transmiten con flujos interminables de estadística (la velocidad de la pelota, el desempeño del jugador en los últimos 10, 50, 100 partidos, etc.) no lo entienden como tampoco pueden entender que un partido de fútbol haya sido extraordinario aunque pueda haber terminado empatado 0 a 0.

Pasa lo mismo en educación. El aprendizaje es un proceso personal irrepetible, influenciado por muchos factores. Los buenos maestros saben que sus estudiantes aprenden de manera distinta, con estilos y ritmos distintos. Un buen maestro es quien despliega una serie diversa de estrategias y experiencias que buscan interesar y motivar a los distintos estudiantes para generar aprendizajes. Por ello, las pruebas estandarizadas que se han ido desarrollando en varios países ayudan a medir aspectos de los aprendizajes pero no pueden medirlo todo. En Perú hay pruebas estandarizadas que miden comprensión lectora en 2do grado de primaria, pero no pueden medir el placer de leer, que es también algo que las maestras y maestros deben promover en sus estudiantes. Las pruebas estandarizadas miden competencias específicas, en un momento concreto del año, pero no pueden medir efectivamente el esfuerzo que hace el maestro, el desarrollo del niño y cómo puede ir avanzando en su progreso personal. Y, además, hay áreas más complicadas de medir como la educación ciudadana, el trabajo en equipo, el arte y otras competencias blandas en las que algunos países han hecho ensayos pero no es práctica usual.

No estoy en contra de las pruebas estandarizadas, pero creo que hay que darle su justo valor y no convertirlas en un fetiche. Ya lo han señalado expertos educacionales como Alfie Kohn o Deborah Meier en un país que, además, tiene mucha más experiencia y tecnología para aplicarlas regularmente. Las pruebas estandarizadas son importantes para ciertas decisiones de política pública y para definir algunas estrategias generales. Pero no pueden captar toda la riqueza del proceso educativo, que seguirá siendo el trabajo de las escuelas, en las que el director o directora y sus maestros tienen que buscar la manera de conseguir los objetivos esperados. Como ya decía, en educación los goles se meten en las escuelas, en cada aula. Y es el rol de todo el sistema educativo ayudar y darles instrumentos para que puedan buscar la mejor manera de hacer su trabajo.

La tecnología seguirá llegando al fútbol como a la educación. Pero que no nos haga olvidar de las cosas importantes. Algunos dicen que “lo que no se puede medir, no se puede gestionar”. Pero, ¿quién dice que todo se tiene que medir y todo se tiene que controlar? No dejemos que esta ilusión de medirlo todo ahogue el fútbol que seguiremos disfrutando y el trabajo de muchos maestros y maestras, que más allá de las pruebas estandarizadas hacen muchas cosas extraordinarias cada día.


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Siete a uno: lecciones para la vida y la escuela

El 8 de julio del 2014 quedará en los anales de la historia del fútbol y la memoria de todos los hinchas del deporte. Brasil perdió por 7-1 ante una poderosa Alemania. Una tragedia para un grande del fútbol que nadie se esperaba. Pero, siendo el futbol una metáfora de la vida, como lo han mostrado columnistas y expertos recientemente, creo que podemos aprovechar para ver qué podemos aprender de este suceso.

Varios insisten en que Brasil perdió porque estaba sin dos de sus jugadores clave: Silva, inhabilitado por dos tarjetas amarillas y Neymar, por la lesión en la columna que lo sacó del Mundial. Otros señalan que el problema del equipo de Brasil es más estructural y que requiere toda una reingeniería para estar a la altura de un Pentacampeón. Otros encuentran la respuesta en Alemania, la manera cómo ha ido cambiando su juego, no sólo la firmeza de sus jugadores, sino el pase corto, la articulación de su equipo.

Sin embargo, más allá de la pena y la frustración por el resultado, ¿qué podemos aprender de esta derrota? ¿Qué puede decir a la educación, a los maestros y estudiantes?

Primero, no hay que dormirse en los propios laureles. Brasil, como local, era uno de los favoritos al campeonato. Tenía a toda la hinchada y el estadio a su favor. La derrota no estaba en el imaginario, por eso la perplejidad, el desconcierto. En educación también sucede. Buenas escuelas, buenos maestros necesitan reinventarse, innovar, seguir buscando la calidad.

Segundo, las individualidades son importantes pero lo importante es el equipo. Cuando una selección confía sólo en sus figuras, el vacío es muy grande cuando éstas faltan. En educación es claro que no necesitamos a Superman; las mejores experiencias que conozco son aquellas escuelas que han construido un equipo solvente de profesionales que trabajan y comparten la docencia. Un buen maestro no es el que se hace imprescindible sino el que “crea escuela”, el que trabaja con sus colegas y comparte sus saberes, el que forma a los maestros jóvenes y crea un estilo de trabajo que perdura más allá del tiempo en que él o ella está.

Tercero, la derrota es parte de la vida. Hay que perder con dignidad de la misma manera como se gana con honor. Los jugadores siguieron corriendo los 90 minutos. Los alemanes ganaron respetando al rival caído. Esto es el fair play y nos enseña que, tanto la victoria como los fracasos, nos enseñan, pueden ayudarnos a ser mejores. En educación es igual. El mejor maestro patina alguna vez, con algún grupo de estudiantes, en algún curso. No hay seguro contra el fracaso. Y hay que enseñar a los estudiantes que sepan cómo afrontar los traspiés de la vida, la presentación en que olvidaron lo que tenían que decir, el examen en que les preguntaron aquello único que no sabían, la competencia en que enfrentaron a un compañero que sabía más, hablaba mejor o simplemente en que los jueces consideraron de manera diferente los méritos. Saber perder es parte de esto que se llama formación del carácter y esto parece haberse perdido a veces en la educación actual.

Cuarto, no buscar culpables. Como dicen, “después de la guerra todos somos generales”, todos quieren tomar crédito por los éxitos. No sucede lo mismo cuando se pierde. Nadie quiere reconocer y dar la cara. En educación es igual. Los docentes tienen que dar ejemplo de lo que significa hacerse responsables por las propias acciones y decisiones. Los estudiantes deben aprender el valor de asumir los aciertos y desaciertos, aprender de ellos para poder seguir adelante.

Finalmente, como se dice, “al mal tiempo, buena cara”. No perder el aplomo, la dignidad, la sonrisa. A l fin y al cabo un partido es un partido, la vida continúa, vendrán otros partidos. No podemos quedarnos atorados en un fracaso, por más que sea un vergonzoso 7-1. Los maestros lo saben. La sesión más catastrófica puede ser seguida de una memorable. El grupo más difícil puede traer luego uno extraordinario. Vivir la vida con optimismo debe ser parte también de una educación que nos enseña a valorar la vida, pasar el trago amargo y seguir adelante con la frente en alto.


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Doble tarjeta roja

El castigo de la FIFA al jugador uruguayo Luis Suárez ha provocado controversia entre los expertos y comentaristas deportivos: algunos creen que la sanción es adecuada, dado el historial que ya tenía Suarez en otras ocasiones. Otros creen que el castigo es excesivo y que, detrás de ello, hay incluso intereses que quieren favorecer a ciertos países y equipos, poniendo en duda que la FIFA haya sido imparcial.

Me llamó la atención la opinión del propio presidente de Uruguay, José Mujica, que declaró: “Yo no vi que haya mordido a nadie, pero se pegan cada patada y cada ‘hachazo’. No lo elegimos para filósofo, ni para mecánico, ni para que tenga buenos modales. Es un excelente jugador y no le perdonan los defectos que tiene.” Creo que Luis Suárez no es un buen jugador si tiene conductas de este tipo. Ser buen jugador es meter goles, pero también comportarse adecuadamente en la cancha. Esta discusión me recuerda a aquellos que dicen: “Es un buen gobernante porque roba como otros, pero hace obras”. No se puede disociar algunos aspectos de la actuación de una persona, sobre todo si es un personaje público.

Por ello, creo la sanción debe ser más ejemplar cuando se trata de una figura pública. Esto ha sido, a mi entender, una doble tarjeta roja. Suárez no es cualquier jugador, es una estrella en su país. Unos días antes, ponía de ejemplo a Suárez a mi hijo de diez años, señalando que, a pesar de haberse operado en mayo de los meniscos, reapareció en el partido con Inglaterra y jugó con garra y corazón. Ejemplo de lo que es no sólo pasión, sino responsabilidad, lo que toca a un jugador, para que él hiciera lo propio respecto de sus responsabilidades escolares. ¿Cuántos otros padres habrán hecho lo mismo? Por tal razón, ¿cómo explicarle que ese mismo jugador que alababa es quien tiene una actitud tan antideportiva como para morder a un rival en la cancha? Más allá de lo que piensan los hinchas fanáticos, sostengo que el fútbol, como otros deportes populares, es reflejo de la cultura y se pueden extraer metáforas para otras facetas de la vida. Estoy de acuerdo con la sanción aunque se afecte las posibilidades de un país aguerrido y heroico como Uruguay, con tres millones de habitantes pero que ha construido su reputación en base a empeño, trabajo sostenido de las ligas infantiles y juveniles. Es un argumento muy débil señalar que otros jugadores, con faltas graves en este mundial, no han recibido el mismo castigo.

Que este caso nos enseñe –y enseñe a nuestros hijos- que en este mundo globalizado, informatizado, en el que las cámaras abundan por doquier y las redes sociales se encargar de diseminar cualquier cosa, un personaje público no puede eximirse de responsabilidad. Y hay que saber asumir las consecuencias de nuestros actos.


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Vivir juntos ¿cómo hacerlo en los nuevos contextos?

He estado leyendo el texto “Los desafíos de la Educación Básica en el siglo XXI” de Juan Carlos Tedesco que ha sido publicado en el nro 55 de la Revista Iberoamericana de Educación.

Tedesco centra su análisis en dos de los pilares del aprendizaje que son importantes en este siglo: aprender a aprender y aprender a vivir juntos. Su reflexión sobre las tendencias del nuevo capitalismo global son muy sugerentes y plantean retos importantes para la educación.

Dice Tedesco: “…en el nuevo capitalismo, la posibilidad de vivir juntos no constituye una consecuencia «natural» del orden social sino una aspiración que debe ser socialmente construida. La solidaridad que exige este nuevo capitalismo no es la solidaridad orgánica propia de la sociedad industrial, sino una solidaridad reflexiva, consciente, que debe ser asumida con grados muchos más altos de voluntarismo que en el pasado. En este contexto, algunos conceptos y debates tradicionales deben ser revisados. Así, por ejemplo, reforzar el vínculo entre educación y cohesión ya no puede ser considerado simplemente como una aspiración conservadora y reproductora del orden social dominante. A la inversa, promover estrategias educativas centradas en el desarrollo del individuo no constituye necesariamente un enfoque liberador, alternativo a las tendencias dominantes.” (p. 38)

En tal sentido, la formación ciudadana requieren analizar cómo se está planteando la convivencia social en nuestras sociedades. Hay una nueva sensibilidad desarrollada por la inmediatez que proponen las tecnologías y las redes sociales en Internet. Todo está más accesible pero no necesariamente más cerca. Tener cientos de amigos en Facebook o miles de seguidores en Twitter no lo hace a uno necesariamente más solidario, más conectado con el entorno, más comprometido con la justicia social. Son tareas que la escuela tiene que replantearse hoy…


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Cuentos para despertar a los adultos

                   “Los cuentos no están hechos para dormir a los niños, sino para despertar a los adultos” (Francois Vallaeys)

 

Me entero en RPP y en otros blogs que Francois Vallaeys, muy recordado por muchos en su paso por el Perú, regresa al Perú por una corta temporada para presentar un ciclo de cuentos titulado “Del Titanic al Arca de Noé”.  Este es la nota de RPP:

François Vallaeys, ahora radicado en Francia, regresa a Lima por una corta temporada para presentar su nuevo espectáculo en el que el narrador contará de manera original su tesis de doctorado que justamente lo llevó de retorno a su país natal. Bajo el título Del Titanic al Arca de Noé, François tratará de explicar, con pizarra y plumón, pero también con maravillosas y nuevas historias que logran hacernos entender con sencillez las cosas más sutiles, la ética que debemos asumir hoy en día para salvar la vida del Planeta Tierra. François Vallaeys es filósofo y artista francés, que ha presentado más de diez espectáculos de cuentos en nuestro país, donde residió durante muchos años.

Las presentaciones se harán entre el 17 y 28 de junio, de jueves a lunes a las 8:00 p.m. en el Auditorio del Centro Cultural El Olivar (Calle La República 455, San Isidro) y el precio de la entrada es de S/. 30. !Anímense a ir!

Aquí los enlaces a algunos de los cuentos más conocidos de Francois cuando estuvo con nosotros:  Joja y la suerte roja (parte 1, parte 2, parte 3); las tres llaves (parte 1, parte 2); el baobab (parte 1, parte 2). Aquí también hay un enlace a una entrevista que se le hizo en el 2006 antes de dejar el Perú, y otra más.