Intriga Personal

“Me apasiona la enseñanza; disfruto, quizá de un modo narcisista, induciendo en los demás el interés por problemas que me intrigan personalmente” Jerome Bruner


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Los ritos de la Patria

En estos días hay muchos limeños que buscan escapar de la capital, algunos más cerca (Lunahuana, Canta, Huacho), otros más lejos o incluso al extranjero. Otros se quedarán en Lima, planificando salir a comer, visitar algún museo o ir al Parque de las Leyendas o al cine. La minoría es la que estará atenta a las celebraciones patrióticas, pero sin entender mucho los ritos de la patria, esa liturgia que se repite año tras años en las mismas fechas, con la clase gobernante de turno y de los que, al igual que los ritos religiosos de Semana Santa (no tanto los populares como el Señor de los Milagros o Santa Rosa), se ha ido olvidando su significado. En los colegios se enseñan algunas fechas, algunos nombres, algunas frases (“Desde este momento, el Perú es libre….”), algunos símbolos, pero el sentido integral se nos escapa.

Sin embargo, hay historiadores como Pablo Ortemberg que han estudiado el tema y han mostrado como el ritual político del 28 de julio se enlaza con la tradición que ya había en la colonia para el recibimiento de los virreyes o la proclamación de los nuevos reyes en España. Es claro que el Libertador San Martín y el grupo de patriotas que entraron a Lima el 15 de julio de 1821 querían marcar la diferencia, pero buscar al mismo tiempo ganarse a la población de Lima, sobre todo a la élite y a los notables. Según Ortemberg, el ritual del 28 de julio de 1821 permitió sellar simbólicamente la negociación que hizo San Martín con los líderes limeños, con el fin de ganar más adeptos a la causa y continuar la guerra que todavía continuaba, teniendo aún un grueso número de tropas españolas en la sierra.

La proclamación de la Independencia se programó para el sábado 28 de julio porque, según instrucciones claras de San Martín, se hizo siguiendo el modelo de la proclamación de la Constitución de Cádiz de 1812 y no la de nuevos reyes, cuando se daba el caso. Se hizo en dos días separados: la proclamación el sábado 28 y la misa de acción de gracias y el Te Deum el domingo 29. El viernes 27 la celebración comenzó con repiques de campanas, fuegos artificiales y música a cargo de una orquesta. El día 28 hubo actos en cuatro tabladillos levantados en 4 lugares de la ciudad: la Plaza Mayor, la plazuela de la Merced, la plaza de Santa Ana y la de la Inquisición. El Cabildo, autoridades religiosas y otros notables marcharon a caballo junto a San Martín. El Marqués de Montemira, al lado de San Martín, llevaba el estandarte con la nueva bandera nacional, con el aspecto de los antiguos pendones reales, marcando la continuidad pero también el cambio. Al día siguiente, el estandarte nacional fue introducido en la catedral y presidió la ceremonia desde el Altar Mayor, afirmando, según Ortemberg, “el carácter sagrado de la fundación de un nuevo Estado.” En la tarde hubo una corrida de toros y más tarde, el Cabildo ofreció una fiesta a los vecinos distinguidos, con vino, ron y cerveza.

El domingo 29, luego de la misa en la catedral, en la que participaron todas las autoridades y gremios, en la que no faltó el sermón patriótico, las corporaciones se dirigieron a sus dependencias a cumplir el juramento que ordenó San Martín. El Cabildo, por ejemplo, se reunió en la sala principal. La ceremonia es similar a la que se sigue hasta hoy en la juramentación de los miembros del Ejecutivo. Se colocó en un estrado el estandarte y una Biblia. Cada una de las autoridades, de rodillas y poniendo la mano derecha sobre los Evangelios repitió esta fórmula: “¿Juráis a Dios y a la Patria sostener y defender con vuestra opinión, persona y propiedades la independencia del Perú del gobierno español y de cualquier otra dominación extranjera?” Respondieron: “Sí, juro.” Finalmente: “Si así lo hiciereis, Dios os ayude y si no Él y la Patria os lo demanden.”

Muchos no comprenden ya el significado de estos ritos patrióticos. Están más interesados en el discurso del Presidente en el Congreso, qué vestido llevará la Primera Dama o si faltó alguna autoridad a la Misa y el Te Deum. Es necesario reivindicar el sentido de los símbolos, como la alianza de bodas nos recuerda el matrimonio. Es necesario recordar que la Patria sigue siendo una tarea inconclusa. Cuando San Martín proclamó la Independencia en Lima faltaban largos años para conquistarla realmente. Estar unidos bajo una misma bandera no nos hizo una nación de inmediato. El “Somos Libres” es una tarea permanente hasta que venzamos totalmente la pobreza, la desigualdad, la desnutrición crónica o el analfabetismo funcional porque nadie puede ser libre si no puede ejercer los derechos, si todos los peruanos no pueden hacerlo. Igualmente, como ya lo he señalado en otro post, el lema nacional “Firme y Feliz por la Unión” nos seguirá exigiendo hacer realidad esa promesa de la vida peruana, como decía Basadre, de felicidad y prosperidad para todos los ciudadanos.

Creo que hay que recuperar los ritos de la patria, hacer nuevamente docencia con ellos, y recordarles a las presentes y a las futuras generaciones que todos aquellos que lucharon por ellas, no sólo los prohombres de la Independencia de 1821, sino más bien todos aquellos que comenzaron a pensar un país distinto en Tacna en 1811, en Huánuco en 1812, en Cusco en 1814, no vivieron y murieron en vano. Un país sin memoria no llegará nunca a ser grande.

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Infraestructura educativa: avances y retos para el futuro

En el 2012, la Asociación para el Fomento de la Infraestructura Nacional (AFIN) hizo un estudio y estimó que la brecha de infraestructura de servicios públicos hasta el 2021 era de 88 mil millones de dólares, 33% del PBI. En ese cálculo, sólo 388 millones correspondían a Educación. Las cifras se quedaron cortas. El Censo de Infraestructura que el Ministerio de Educación hizo a fines del año pasado han revelado algo que ya estimábamos: que la brecha en infraestructura educativa es 21.5 mil millones de dólares, más de 55 veces lo estimado por AFIN.

De los 42,300 locales censados, dos tercios requieren ser reconstruidos. La mayoría de los locales escolares en la zona rural fueron construidos por las propias familias, sin tener en cuenta todos los elementos técnicos. Por ello existen muchas escuelas dispersas. Según datos oficiales, tenemos casi el triple de locales escolares que Colombia (60,000 vs 21,000) a pesar de que la población escolar de este país vecino es mayor.

Esta tremenda dispersión y la magnitud de las necesidades hacen más difícil la tarea. Por esta razón, el Ministerio de Educación ha decidido repotenciar su estrategia para acelerar el mejoramiento de la infraestructura. En primer lugar se ha creado el Programa Nacional de Infraestructura Educativa (PRONIED), con el fin de formular un Plan de Infraestructura multianual que permita ampliar las inversiones y mejorar la intervención. Al mismo tiempo, se ha anunciado el desarrollo de un ambicioso programa de Alianzas Público-Privadas (APPs) y de Obras por Impuestos (OXI) que permitan contar con el apoyo de proveedores privados no sólo para la construcción sino para el mantenimiento de la infraestructura. El MINEDU ha lanzado ya un grupo de paquetes de inversión para 21 colegios en Lima Metropolitana por 2,420 millones de soles.

Como ha señalado el Ministro Saavedra, de mantenerse el ritmo actual de inversiones en infraestructura educativa, se requeriría casi 20 años sólo para cerrar la brecha de infraestructura educativa, sin pensar en lo que se tiene que hacer para llevar las escuelas peruanas a otro nivel. Las iniciativas planteadas buscan acelerar el proceso, pero hay que advertir sobre sus limitaciones. Ricardo Cuenca ha señalado, mirando estudios en el Perú y fuera, que mucho del éxito del aporte privado tiene que ver con factores de las propias escuelas, así como del enfoque de la las alianzas establecidas.

La rapidez con que se puede incrementar la inversión en educación es también algo para considerar. En otros sectores, como Transporte o Energía, se puede hacer una licitación pública o una concesión por 200 millones de una vez; en educación, los colegios grandes, de más de 1,000 alumnos, requerirían al menos unos 20 millones, y se necesitan diez de ellos para equiparar una sola licitación grande de otro sector. Empaquetar obras puede ser una solución, pero no reduce el problema de tener que preparar perfiles de inversión y expedientes técnicos para cada una de ellas, lo cual aumenta la complejidad. Por ello, el MINEDU, además del PRONIED y las APPs, debe seguir haciendo transferencias a Gobiernos Regionales y Locales. Entre agosto del 2011 y junio del 2014 se hicieron transferencias por más de 2,300 millones de soles para 1,650 instituciones educativas en 23 regiones.

Lo bueno es que el Perú va a contar con una política sostenida de infraestructura educativa que atienda, en primer lugar, aquellas escuelas urbanas y rurales que están en peores condiciones, tal como lo ha identificado el Censo de Infraestructura. Debe ser parte del Acuerdo Nacional y un compromiso de todos los partidos políticos.

Diversos estudios (ver aquí y acá) han mostrado que el estado de la infraestructura tiene influencia en los logros de aprendizaje. El Proyecto Educativo Nacional (PEN) señaló la infraestructura como una de las condiciones esenciales para el aprendizaje. Un país de ingresos medios como el Perú debe reconocer esto como derecho y trabajar de manera consistente en los siguientes años, más allá de cualquier cambio de gobierno. Seguirán habiendo prioridades educativas de mayor trascendencia como el currículo o la formación/capacitación de los docentes, pero para las familias, los estudiantes, la infraestructura es, sin lugar a dudas, el rostro inmediato de la política educativa. Y queremos todos que esta cara sea amable y acogedora.


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Maestros Excelentes

Tomado de http://www.presidencia.gob.pe

Nadine Heredia: “El corazón de la reforma educativa en Perú es la revalorización de la carrera docente.”

Hoy estuve en el Foro Regional “Soluciones en Educación Hacia Profesores Excelentes”, organizado por el Banco Mundial y la Pontificia Universidad Católica del Perú en el que se presentó el estudio “Profesores Excelentes. Cómo mejorar el aprendizaje en América Latina y El Caribe”, elaborado por Barbara Bruns y Javier Luque. En el evento estuvieron presentes la Primera Dama Nadine Heredia, el Ministro de Educación Jaime Saavedra, el rector de la PUCP, Marcial Rubio y el Vicepresidente del Banco Mundial Jorge Familiar. El evento y el panel subsecuente estuvo moderado por el periodista Augusto Álvarez Rodrich.

El informe es interesante dado que describe el perfil de los maestros en América Latina y los cambios que se han producido en los últimos años. Usando una metodología validada en los EE.UU. (método Stallings) el estudio muestra que, en 7 países de la región, no más del 70% del tiempo de clases es empleado en la enseñanza o la interacción del maestro con los estudiantes; el resto del tiempo los maestros no están en clase o dedican el tiempo a asuntos que no tienen que ver con el aprendizaje. Se proponen diversas estrategias para reclutar mejores profesores, capacitarlos mejor, motivarlos para que mejoren su desempeño y cómo conseguir desarrollar esto que llaman “maestros de excelencia”.

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Profesores Excelentes

Es un trabajo que vale la pena revisar pues tiene un buen fundamento teórico, revisión de la literatura internacional y el trabajo de campo en 15,000 aulas que sustenta muchos de los resultados y propuestas. Bruns señala, con acierto, que hoy no es posible hacer política educativa sin datos.

Volvemos, pues a un tema mayor de la política educativa. No es posible lograr cambios efectivos en educación si no revaloramos a los maestros y si no hacemos lo necesario para contar con los mejores maestros. Esto implica varias cosas: por un lado, atraer mejores jóvenes a la carrera. Pero esto no basta para resolver el problema. Como señala Patricia Arregui, es difícil determina a priori quién será buen maestro, sólo a partir de su trayectoria de formación. Los maestros se convierten en tales en los primeros años de su ejercicio profesional y adquieren una identidad propia como docentes. Por ello, los programas de inducción para profesores principiantes son críticos, para evitar, como pasa en algunos países del Norte donde entre 30 y 50% de los docentes se retiran en esta etapa, no solo malos sino también potenciales buenos maestros que podrían llegar a serlo si tuvieran un poco más de apoyo y seguimiento.

Es necesario, igualmente, la colaboración entre colegas, una práctica muy difundida entre maestros de Finlandia y Ontario (Canadá) y que es una de las buenas prácticas en el proyecto Escuelas de Mañana de Río de Janeiro. En Perú se ha impulsado el acompañamiento pedagógico, sobre todo en escuelas rurales, y el impacto en logros de aprendizaje se ha visto en las pruebas ECE. El acompañamiento ha funcionado bien cuando el acompañante es otro maestro con experiencia que puede darle una retroalimentación adecuada a su colega y apoyarlo en sus prácticas pedagógicas.

Asimismo, es necesario seguir mejorando los salarios de los docentes. La Ley de Reforma Magisterial promulgada en el 2012 ha ordenado definitivamente el tema salarial, puesto a todos los maestros dentro de una misma carrera y simplificado todo el sistema de incentivos. Pero, a pesar de los incrementos, como lo ha señalado el mismo ministro Saavedra, los salarios de los docentes peruanos son más bajos que varios de sus pares latinoamericanos, la mitad del de sus colegas mexicanos o colombianos. Mientras los maestros sigan ganando menos de 1,300 soles como salario de entrada, será difícil atraer de manera real a los mejores profesionales a esta tarea.

Finalmente, un tema destacado por algunos de los comentarios al estudio es el carácter colectivo de la mejora docente. Como lo he señalado en un post anterior, no bastan héroes ni individualidades. Claudia Costin, nueva jefe de la división de Educación del Banco Mundial y antigua secretaria de educación de Río de Janeiro recordó que es arriesgado atribuir el éxito de un estudiante de tercer grado solamente a su maestro o maestra. Los docentes que le enseñaron antes, en primero o segundo tendrán seguramente parte del mérito. Por eso hay que insistir en incentivos colectivos y en el liderazgo del director de la escuela, que es crítico para crear la cultura escolar necesaria para mejorar el trabajo.

Grandes retos, por cierto, pero es bueno que miremos nuevamente a los maestros y pensemos en la centralidad de su rol para las auténticas reformas educativas, aquellas que parten del aula y trascienden a todo el sistema.


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Maestras que cambian la vida

En la edición del 6 de mayo de Huffington Post en Internet salió una reseña de once líderes educativos en los EE.UU. que reconocen el rol que tuvieron sus maestros en su formación y cómo les cambió la vida.

Traduzco para ustedes la que más me gustó, la historia de Patrick Finley, subdirector de la Escuela Metropolitan Expeditionary Learning School.

“Aunque la mayoría de los maestros me vieron como un niño problema en la primaria, mi profesora de tercer grado, la Sra. Morris, vio algo diferente en mí. En su clase, por primera vez, sentí que una maestro estaba más interesada en encontrar algo que me motivara que tratar de mantenerme quieto con las hojas de trabajo. Ella me dio la oportunidad de hablar y buscó formas creativas de engancharme con el trabajo del aula. Por ello, cuando nosotros abrimos nuestra escuela algunos años atrás, le escribe una carta a la Sra. Morris para agradecerle por su paciencia e inspiración. Aunque habían pasado 30 años, ella me recordaba y tuvo no solo la gentileza de contestarme, sino que incluyó alguna fotos de nuestro grupo, porque eso es lo que ella es, una maestra de toda la vida que ama sus estudiantes y el tiempo que invirtió con ellos.”

Probablemente, es la historia de muchos. Y en estos tiempos en que, en muchos casos lo que se busca es la terapia para mantener tranquilo al inquieto, sumiso al curioso, contenido al creativo, no está de más aplaudir a todos aquellos maestros y maestras que ven más allá y acompañan a sus estudiantes para sacar lo mejor de ellos.


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Se acabó el Mundial: una última reflexión

Se acabó el Mundial… Nos ha tenido en vilo durante durante muchos días y muchas tardes… Lo extrañaremos un poco. Pero, además de recordar buenos partidos y jugadores, podemos sacar provecho, en cuanto nos dice cosas sobre la vida ordinaria y sobre la educación.

Escuchaba, por ejemplo, el día de ayer una entrevista en la radio sobre los “avances tecnológicos” aceptados por la FIFA y cómo va a cambiar esto a manera como vemos el fútbol. Es verdad que la televisión y el re-play nos permiten ahora ver detalles que antes no se veían. Pero soy de los que creen que las tecnologías y sus mediciones no pueden transmitirnos toda la riqueza de este deporte, el desempeño de los equipos y de los jugadores, y mucho menos, la pasión, la emoción, la alegría de ganar el partido (o el Mundial) o la tristeza de perderlo. Por la misma razón el campeón puede sufrir la peor pérdida, y un equipo pequeño puede asestarle varios goles al que va adelante. Por eso creo que algunos norteamericanos, acostumbrados a deportes que se transmiten con flujos interminables de estadística (la velocidad de la pelota, el desempeño del jugador en los últimos 10, 50, 100 partidos, etc.) no lo entienden como tampoco pueden entender que un partido de fútbol haya sido extraordinario aunque pueda haber terminado empatado 0 a 0.

Pasa lo mismo en educación. El aprendizaje es un proceso personal irrepetible, influenciado por muchos factores. Los buenos maestros saben que sus estudiantes aprenden de manera distinta, con estilos y ritmos distintos. Un buen maestro es quien despliega una serie diversa de estrategias y experiencias que buscan interesar y motivar a los distintos estudiantes para generar aprendizajes. Por ello, las pruebas estandarizadas que se han ido desarrollando en varios países ayudan a medir aspectos de los aprendizajes pero no pueden medirlo todo. En Perú hay pruebas estandarizadas que miden comprensión lectora en 2do grado de primaria, pero no pueden medir el placer de leer, que es también algo que las maestras y maestros deben promover en sus estudiantes. Las pruebas estandarizadas miden competencias específicas, en un momento concreto del año, pero no pueden medir efectivamente el esfuerzo que hace el maestro, el desarrollo del niño y cómo puede ir avanzando en su progreso personal. Y, además, hay áreas más complicadas de medir como la educación ciudadana, el trabajo en equipo, el arte y otras competencias blandas en las que algunos países han hecho ensayos pero no es práctica usual.

No estoy en contra de las pruebas estandarizadas, pero creo que hay que darle su justo valor y no convertirlas en un fetiche. Ya lo han señalado expertos educacionales como Alfie Kohn o Deborah Meier en un país que, además, tiene mucha más experiencia y tecnología para aplicarlas regularmente. Las pruebas estandarizadas son importantes para ciertas decisiones de política pública y para definir algunas estrategias generales. Pero no pueden captar toda la riqueza del proceso educativo, que seguirá siendo el trabajo de las escuelas, en las que el director o directora y sus maestros tienen que buscar la manera de conseguir los objetivos esperados. Como ya decía, en educación los goles se meten en las escuelas, en cada aula. Y es el rol de todo el sistema educativo ayudar y darles instrumentos para que puedan buscar la mejor manera de hacer su trabajo.

La tecnología seguirá llegando al fútbol como a la educación. Pero que no nos haga olvidar de las cosas importantes. Algunos dicen que “lo que no se puede medir, no se puede gestionar”. Pero, ¿quién dice que todo se tiene que medir y todo se tiene que controlar? No dejemos que esta ilusión de medirlo todo ahogue el fútbol que seguiremos disfrutando y el trabajo de muchos maestros y maestras, que más allá de las pruebas estandarizadas hacen muchas cosas extraordinarias cada día.


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Siete a uno: lecciones para la vida y la escuela

El 8 de julio del 2014 quedará en los anales de la historia del fútbol y la memoria de todos los hinchas del deporte. Brasil perdió por 7-1 ante una poderosa Alemania. Una tragedia para un grande del fútbol que nadie se esperaba. Pero, siendo el futbol una metáfora de la vida, como lo han mostrado columnistas y expertos recientemente, creo que podemos aprovechar para ver qué podemos aprender de este suceso.

Varios insisten en que Brasil perdió porque estaba sin dos de sus jugadores clave: Silva, inhabilitado por dos tarjetas amarillas y Neymar, por la lesión en la columna que lo sacó del Mundial. Otros señalan que el problema del equipo de Brasil es más estructural y que requiere toda una reingeniería para estar a la altura de un Pentacampeón. Otros encuentran la respuesta en Alemania, la manera cómo ha ido cambiando su juego, no sólo la firmeza de sus jugadores, sino el pase corto, la articulación de su equipo.

Sin embargo, más allá de la pena y la frustración por el resultado, ¿qué podemos aprender de esta derrota? ¿Qué puede decir a la educación, a los maestros y estudiantes?

Primero, no hay que dormirse en los propios laureles. Brasil, como local, era uno de los favoritos al campeonato. Tenía a toda la hinchada y el estadio a su favor. La derrota no estaba en el imaginario, por eso la perplejidad, el desconcierto. En educación también sucede. Buenas escuelas, buenos maestros necesitan reinventarse, innovar, seguir buscando la calidad.

Segundo, las individualidades son importantes pero lo importante es el equipo. Cuando una selección confía sólo en sus figuras, el vacío es muy grande cuando éstas faltan. En educación es claro que no necesitamos a Superman; las mejores experiencias que conozco son aquellas escuelas que han construido un equipo solvente de profesionales que trabajan y comparten la docencia. Un buen maestro no es el que se hace imprescindible sino el que “crea escuela”, el que trabaja con sus colegas y comparte sus saberes, el que forma a los maestros jóvenes y crea un estilo de trabajo que perdura más allá del tiempo en que él o ella está.

Tercero, la derrota es parte de la vida. Hay que perder con dignidad de la misma manera como se gana con honor. Los jugadores siguieron corriendo los 90 minutos. Los alemanes ganaron respetando al rival caído. Esto es el fair play y nos enseña que, tanto la victoria como los fracasos, nos enseñan, pueden ayudarnos a ser mejores. En educación es igual. El mejor maestro patina alguna vez, con algún grupo de estudiantes, en algún curso. No hay seguro contra el fracaso. Y hay que enseñar a los estudiantes que sepan cómo afrontar los traspiés de la vida, la presentación en que olvidaron lo que tenían que decir, el examen en que les preguntaron aquello único que no sabían, la competencia en que enfrentaron a un compañero que sabía más, hablaba mejor o simplemente en que los jueces consideraron de manera diferente los méritos. Saber perder es parte de esto que se llama formación del carácter y esto parece haberse perdido a veces en la educación actual.

Cuarto, no buscar culpables. Como dicen, “después de la guerra todos somos generales”, todos quieren tomar crédito por los éxitos. No sucede lo mismo cuando se pierde. Nadie quiere reconocer y dar la cara. En educación es igual. Los docentes tienen que dar ejemplo de lo que significa hacerse responsables por las propias acciones y decisiones. Los estudiantes deben aprender el valor de asumir los aciertos y desaciertos, aprender de ellos para poder seguir adelante.

Finalmente, como se dice, “al mal tiempo, buena cara”. No perder el aplomo, la dignidad, la sonrisa. A l fin y al cabo un partido es un partido, la vida continúa, vendrán otros partidos. No podemos quedarnos atorados en un fracaso, por más que sea un vergonzoso 7-1. Los maestros lo saben. La sesión más catastrófica puede ser seguida de una memorable. El grupo más difícil puede traer luego uno extraordinario. Vivir la vida con optimismo debe ser parte también de una educación que nos enseña a valorar la vida, pasar el trago amargo y seguir adelante con la frente en alto.


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Maestros que meten goles

 

 

Profesor Juan Cadillo. Tomado de http://www.presidencia.gob.pe

Profesor Juan Cadillo. Tomado de http://www.presidencia.gob.pe

José Antonio Encinas, este insigne maestro peruano, y que llegó a ser ministro de educación decía que “el más alto cargo que un ciudadano puede desempeñar en una democracia es el del maestro de escuela“

Ayer pensaba esto mientras participaba de la ceremonia de entrega de los premios de la 8va edición del concurso El Maestro que Deja Huella, organizado por Interbank, y en la que estuvieron la Primera Dama Nadine Heredia y el Ministro de Educación Jaime Saavedra. El profesor Juan Raúl Cadillo León se llevó el premio mayor, pero los otros 25 finalistas ya eran docentes ganadores de cada una de las regiones que representaban. Juan Raúl estaba ciertamente movido y dio unas palabras de agradecimiento a sus colegas que nos dejó a todos emocionados, agradeciendo a sus colegas y mostrando una calidad no sólo profesional sino también humana.

(c) Reuter, tomado de http://www.larepublica.pe

(c) Reuter, tomado de http://www.larepublica.pe

Pensando en el fútbol, que nos tendrá al vilo unos días más por el Mundial, pensaba en el reconocimiento justo que se hace a los jugadores. Tenemos tablas de goleadores, y los mejores se llevan jugosos premios como el Balón de Oro. James Rodríguez, Lionel Messi, Thomas Müller o Neymar Jr. son ídolos juveniles, ejemplos de capacidad y dedicación (por eso es que insisto que actitudes como la de Luis Suárez es reprobable).

¿Por qué las maestras y maestros excepcionales no reciben la misma atención? Jugar 90 minutos y meter goles es un arte difícil, que pocos pueden mostrar con singular maestría. ¿Pero no es también difícil, incluso más, atender 30 o 40 niños por varias horas, día tras día, acompañarlos, interesarlos, crear condiciones para aprendizajes significativos? ¿No es un reto monumental hacer lo mismo con 30 o 40 adolescentes que quisieran estar más bien jugando en línea, mirando videos o chateando por Whatsapp? ¿Cómo hacen muchos de estos maestros no sólo para enseñar lo que el currículo oficial les pide, sino y más, generar trabajo en equipo, interés genuino por el aprendizaje, pasión por algo? Estos son los maestros que recordamos, los que dejan huella, los que generan esa “intriga personal” de la que hablaba Bruner y que es la que hace explorar, buscar, desarrollar capacidades que pueden marcar nuestra vida, nuestras decisiones personales y profesionales.

Lo que sucede es que estos goles que meten cada día miles de maestras y maestros en nuestro país no se pasan en televisión, no los conversan sesudos comentaristas en programas radiales o son analizados en extensos artículos periodísticos en secciones o suplementos especiales.

Cuando me encuentro con este tipo de maestros, uno no puede hacer más que quitarse el sombrero. En costa sierra y selva, en escuelas grandes, o en escuelas multigrado donde hay solo 2 o 3 profesores, o trabajando solo, en una escuela unidocente rural, estos héroes cotidianos hacen cosas extraordinarias con sus estudiantes, con la comunidad: desarrollan espíritu científico o matemático de maneras que quisieran colegios prestigiosos, reciclan y producen, investigan y escriben textos propios con sus estudiantes, usan las computadoras que no son de última generación y a veces ni siquiera están conectadas a Internet para generar una cultura digital impensada, incentivan a sus estudiantes a soñar y superarse cada día.

No se puede crear un premio para cada uno de estos maestros y maestras, pero sí hay algo que hacer: reconocimiento social. Esto es lo que comenzamos a hacer en el MINEDU con el Plan Perú Maestro pero que, por supuesto requiere más compromisos hoy y en el futuro. No en vano, como ha mostrado un estudio internacional TALLIS, en 24 países de la OECD, señala que 3 de cada 4 maestros creen que no recibirán reconocimiento por mejorar la calidad de su trabajo ni por hacer innovaciones.

Felicito iniciativas como la de Interbank y espero que el reconocimiento a los buenos maestros se haga mayor, no sólo en el día del maestro, sino de manera permanente.