Intriga Personal

“Me apasiona la enseñanza; disfruto, quizá de un modo narcisista, induciendo en los demás el interés por problemas que me intrigan personalmente” Jerome Bruner


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No-mandamientos en educación. ¿Qué hacer?

Trahtemberg

(c) Fuente: Andina

León Trahtemberg ha escrito en su blog un conjunto de diez “no-mandamientos” que hay que tomar en cuenta para las políticas educativas, en referencia a los mandamientos que el presidente Kuczynski señaló a sus ministras y ministros. El tema resulta interesante y van acá algunos comentarios, con el fin de estimular el debate.

Detrás de las sugerencias de Trahtemberg hay algunos puntos centrales que vale la pena analizar. El primero parece ser esta discordancia que se presenta entre las normas y la realidad, entre lo que piensan los políticos y funcionarios “de escritorio” y los actores que están en la escuela. Esto es reconocer una realidad innegable: nuestro país, y también nuestra educación es diversa, multicultural y variopinta. Creo que nadie puede arrogarse la facultad de entenderla y apreciarla en toda su dimensión. No hay solo dicotomías (las más usuales son aquellas entre lo urbano-rural; Lima-regiones; educación pública-educación privada), sino caleidoscopios, pues dentro de cada una de ellas hay mayores diversidades. Por otro lado, están las normas. Y es función del MINEDU normar, aunque no sólo él. Las normas deberían poder recoger la diversidad, pero no es tarea fácil. Es sabido que muchos funcionarios públicos esperan que las normas le digan, de manera “clara y distinta” qué hacer. Deberíamos tener funcionarios con mayor capacidad de decisión, con más sentido común, pero son los menos los que se arriesgan a interpretar la norma, y cuando lo hacen es sobre todo en favor suyo y no del estudiante o el usuario del sistema educativo. Lo mismo pasa con los docentes: ¿cuántos son capaces de tomar el currículo y aplicarlo de manera flexible según la situación e intereses de sus estudiantes, buscando temas articuladores que combinen competencias de distintas áreas del mismo? Sabemos que hay muchos maestros que prefieren comprar aquellos manuales que les ofrecen planes de clase ya estructurados y que les ahorran el trabajo de preparar ellos mismos sus sesiones de aprendizaje ¿Hay alternativa? Por supuesto. Hay que hacer esfuerzos para mejorar la formación inicial de docentes y presentar estos dilemas en la capacitación en servicio de los docentes actuales. Hay que seguir capacitando y dando asistencia a los funcionarios del Ministerio, de las DRE y UGEL y destacar las buenas prácticas de aquellos que saben utilizar la norma de manera proactiva para lograr los resultados de orden superior. Ver aquí.

En segundo lugar, Trahtemberg pone el dedo en la llaga en un problema estructural: la desarticulación de las unidades del MINEDU. Se comenzó un proceso de transformación durante la gestión de la Ministra Salas, pero la tarea sigue pendiente. No es solo la desarticulación dentro del Ministerio, sino entre distintos sectores que tienen que ver con la educación (Salud, Desarrollo e Inclusión Social, Cultura, etc.). He trabajado en dos Ministerios y puedo dar fe de lo complicado que es articular. No existen suficientes incentivos al funcionario público para hacerlo, metido como está en conseguir cumplir con su propio Plan Operativo Institucional (POI), sus metas, y con ejecutar su presupuesto. Y además de ello, articular con otros niveles de gobierno. Hay experiencias importantes e iniciativas valiosas en los últimos años para construir una gestión descentralizada con enfoque territorial, pero todo esto está aún en construcción y se requiere mucha voluntad y mecanismos efectivos para conseguir los resultados. No basta voluntad política, la articulación debe darse en todos los niveles del sistema y es necesario, por tanto, una planificación más organizada y una articulación a nivel presupuestal, que facilite los procesos. Hay iniciativas interesantes que hay que continuar tales como Aprende Saludable y el trabajo que varios viceministros y viceministras realizamos en el marco de la Comisión Interministerial de Asuntos Sociales para la Amazonía (CIAS Amazonía) para impulsar el trabajo coordinado en las comunidades amazónicas, con un enfoque intercultural.

En tercer lugar, un reto pendiente es cómo se articula el tema de las condiciones mínimas para impulsar aprendizajes efectivos y las dimensiones más avanzadas de los sistemas educativos. León tiene razón cuando afirma que es un error “asumir que la visión del sistema educativo es lograr prioritariamente que los alumnos respondan bien a pruebas de matemáticas y lectura, además de construir colegios”. Ciertamente, la infraestructura es insuficiente para mejorar aprendizajes, pero con 66 mil millones de déficit en infraestructura educativa y mobiliario, no puede ser un tema menor hasta que se pueda cerrar la brecha. Otros elementos innovadores que nos pueden llevar a la educación del siglo XXI requieren algunas condiciones de base, y éstas no se han conseguido aún para la gran mayoría de escuelas. Por supuesto, hay que seguir invirtiendo en los docentes, promover e incentivar la innovación, impulsar el trabajo entre pares y crear redes de aprendizaje que conecten a profesores experimentados con los que no lo son tanto. Ver, por ejemplo, aquí. Estos son los cambios más difíciles y no se ven de la noche a la mañana, pero no por ello hay que dejar de insistir en ello.

Finalmente, hay un tema de participación que está detrás de algunos de los puntos de León señala. Escuchar a los propios docentes, a los investigadores, a los propios padres y madres de familia. Es evidente que ninguno tiene una visión completa del sistema, pero no se puede desatender la opinión del usuario del sistema educativo. No podemos olvidar, que más allá de los planes, programas presupuestales, matrices de gestión o cualquier instrumento, está el derecho de los ciudadanos de recibir una educación de calidad. Hay avances en los últimos años, innegables, pero muchos peruanos y peruanas sienten que no reciben la educación que merecen y requieren. Ahora hay muchos más canales para hacer oír nuestra voz, pero es verdad que a veces también hay mucho ruido en las redes sociales. Se necesita desbrozar el trigo en medio de tanta paja, pero las voces están allí, de muchos padres y madres, docentes y estudiantes señalando lo que esperan del sistema educativo peruano.


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Pedagogizar la marcha

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El Perú marchó ayer, 13 de agosto, en contra de la violencia contra las mujeres y en favor de políticas más efectivas y mayor conciencia ciudadana para erradicar este mal que sigue aquejando desde antaño a nuestra sociedad.

Estoy esperanzado, como muchos de mis colegas maestros y maestras, que esto ha sido tratado en las aulas, o podrá ser conversado mañana en muchos colegios, con chicas y chicos de primaria o secundaria (¿y por qué no en instituciones de educación superior, también?). Porque de eso se trata la pedagogía, de aprovechar lo que ocurre en el contexto, para convertirlo en objeto de enseñanza y excusa para el aprendizaje.

¿Qué es lo que tienen que hablar las maestras y maestros con sus estudiantes? En primer lugar, sobre el problema mismo, sobre la persistencia de la violencia contra las mujeres en nuestra sociedad. Esta ha sido abordada extensamente en los medios en estos días. Basta mirar las cifras y los testimonios. ¿Somos capaces, como maestras y maestros, de interesar a nuestros estudiantes en el tema?

En segundo lugar, hablar sobre la participación. No es posible hacer cambios profundos en nuestra sociedad si los ciudadanos no participamos. Es verdad que las autoridades y las instituciones tienen un rol preponderante en ello, y por eso lo exigimos. Pero sin acción de la ciudadanía, no se podrán conseguir resultados sostenibles. Marchar es una metáfora de dicha participación. No es quedarnos en el margen, como espectadores de lo que sucede en nuestro país, inactivos mientras el problema no nos toque personalmente o a las personas cercanas a nosotros. Es ponernos en camino, organizarnos y actuar. La historia de nuestro país contiene muchas historias al respecto. Y no solo de protesta por protestar. Obviamente, marchar no es suficiente para que se den los cambios, sino como expresión de voluntad, de querer hacer algo y hacerlo con otras y otros, bajo las mismas banderas y compartiendo convicciones y propuestas.

En tercer lugar, conversar sobre el tema del género, la violencia y la discriminación basada en género. Es cierto que estamos combatiendo la violencia que acaba con la vida de muchas mujeres a manos de sus parejas o exparejas, la violencia dentro de la familia o en el espacio público. Pero ello no se crea de la nada. Se alimenta de expresiones culturales y creencias arraigadas que comienzan en la familia, se potencian en la escuela y en la vida social en general. Hay que hablar con los estudiantes sobre los mensajes que recibimos mujeres y hombres desde que nacemos sobre cómo hay que hacer y cómo actuar, sobre la manera como expresamos nuestras ideas y sentimientos. Todas esas ideas y prejuicios crean una forma de ser en la sociedad que es permisiva con la violencia pero que comienza considerando como aceptable la idea de que las mujeres son débiles, objetos sexuales, subordinadas y que su espacio “natural” es el hogar y que son las responsables principales (y a veces únicas) del cuidado de los otros. No es casualidad, luego, que esto se traduzca en que las mujeres tengan menor acceso al trabajo remunerado y que, aunque trabajen fuera del hogar tengan más horas de trabajo a la semana que los varones porque además de trabajar fuera del hogar se sigan encargando de la mayoría de responsabilidades domésticas. O que ganen menos que los hombres, aunque hagan el mismo tipo de trabajo.

Hay que conversar de esto con los estudiantes, con todos, no solo con las chicas. Esto es algo que nos afecta a todas y todos, no solo a ellas. Nos afecta como sociedad. Y si aspiramos ser un país del primer mundo, conseguir nuestro asiento entre los países de la OECD, no lo haremos solo por tener un PBI per cápita mayor o instituciones modernas. Lo haremos si erradicamos estas concepciones sociales y estas prácticas que siguen destruyendo la vida de muchas mujeres. Este tema tiene que entrar en la escuela porque ya está allí. La educación es parte del problema, pero tiene también la semilla que permitirá resolverlo. Colegas maestras y maestros. Si aún no has hablado de ello con tus estudiantes, aprovecha, hazlo ya. Que #NiUnaMenos no sea una anécdota, sino el comienzo de nuevos esfuerzos para transformar nuestra sociedad.


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Grete DeAngelo: “Por esto enseño”

Grete DeAngelo

Grete DeAngelo

“No lo hago por la plata…. No lo hago por el reconocimiento… ( ) Bueno, estoy contenta de decirles (y decirte): lo hago por los chicos, y por mí.”

Así comienza su testimonio la maestra Grete DeAngelo, una profesora en la Escuela Preparatoria MMI, en Pennsylvania, Estados Unidos. Para ella es claro que trabajar con adolescentes no es un castigo, es un regalo, porque ve en ellos un gran potencial esperando volcarse en el mundo.
Esta visión positiva que tiene de sus estudiantes es la que le permite apreciar aquellas cosas que sólo se viven y experimentan en la adolescencia y de las que ella es testigo: las alegrías y tragedias del primer amor, sacar la licencia de conducir, la satisfacción de conseguir el primer trabajo y ganarse su propio dineros por primera vez, la lucha por hacerse independiente.

Ciertamente, la vida de los estudiantes debería ser la fuente primera para el aprendizaje de los chicos a esta edad. Y no, como sucede muchas veces, que la escuela está en ciertas cosas, y la vida de los chicos en otra parte. Los maestros y maestras que se involucran en los temas cotidianos de los chicos tienen más oportunidad de hacer más relevantes los temas del currículo y vincularlo con los temas que realmente les importa a los estudiantes y pueden llamar su atención y concentrar su interés.

Grete cree que, cada nuevo grupo de estudiantes que llegan a sus manos le devuelven la esperanza y optimismo. Reconoce que son la audiencia más difícil y que no van a fingir si están aburridos. Eso la obliga a mantenerse al día, en la música, en la tecnología y en el lenguaje que ellos usan. “Mis estudiantes cuestionan mis creencias cada día sobre temas en los que yo me sentía muy segura.” Por ello se animó a escribir su primera novela al final de sus 30 y cuando les contó a sus estudiantes que su libro iba a ser publicado, la aplaudieron y le dijeron que ellos también querían escribir libros. ¿No es como para llenar de orgullo a cualquier maestro que tus estudiantes quieran seguir tus pasos?

Maestras como Grete han en todas partes, también en el Perú. Un motivo más para sentirnos orgullosos de ellas y ellos, y para seguir trabajando para que todo el sistema educativo facilite y no haga más complicado el trabajo que realizan día a día, año tras año.


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El bicentenario olvidado

¿Qué hubiera pasado si hubiera triunfado la rebelión de los hermanos Angulo, el cura Béjar y el cacique Mateo Pumacahua, se pregunta Natalia Sobrevilla, en uno delos ensayos de Contra-Historia del Perú? El 3 de agosto de 1814, hace 200 años, los sublevados tomaron los cuarteles de Cusco y apresaron al regente de la audiencia y a los oidores. Comenzaba así una de las sagas que algunos han llamado la rebelión de Cusco, parte de esos Otros Bicentenarios de la Independencia en el Perú, que no llegó a cristalizarse por la acción férrea e inteligente del virrey español de entonces, Fernando de Abascal.

Luego de esto, los sublevados crearon una Junta autónoma de gobierno en Cusco. Ellos juraron la Constitución Liberal de Cádiz de 1812 y crearon una nueva bandera de colores azul y blanco. La Junta del Cusco envió tres expediciones para expandir la causa: una hacia Puno y La Paz, comandada por el arequipeño Juan Manuel Pinelo y el tucumano Idelfonso Muñecas, que fue exitosas; otra hacia el la sierra central bajo el mando del argentino Manuel Hurtado de Mendoza, que tomó Huamanga y Huancayo, pero que fueron derrotados por tropas realistas del virrey en Huanta y Matará; y el tercer grupo, dirigido por Mateo Pumacahua y Vicente Angulo, hacia Arequipa, quienes vencieron a las tropas del rey en la batalla de La Apacheta, el 10 de noviembre de 1814.

Sin embargo, los realistas organizaron un ejército mayor en el Alto Perú (hoy Bolivia). Vencieron a los patriotas en noviembre, cerca de La Paz. Las tropas realistas retomaron Arequipa en diciembre. En febrero salieron para enfrentar a las tropas de Angulo y Pumacahua, y la batalla decisiva se realizó cerca de Ayaviri (Puno), el 11 de marzo de 1815, en Umachiri. Pese a tener inferioridad numérica, el ejército español era más disciplinado y consiguió vencer a los patriotas. Muchos de éstos últimos fueron fusilados allí mismo, entre ellos el poeta arequipeño Mariano Melgar. Mateo Pumacahua fue apresado en Sicuani y sentenciado a morir decapitado, cosa que ocurrió el 17 de marzo. Los realistas tomaron Cusco y los hermanos Angulo fueron ejecutados, el 29 de mayo. Habría que esperar otros 5 años más para que los gritos de independencia se escucharan en estas tierras, cuando llegó San Martín con el Ejército Libertador, desde Chile.

La rebelión de los hermanos Angulo y Pumacahua debe ser revalorada. Como dice Antonio Zapata tiene varios elementos que hay que destacar: 1) comenzó en la sierra, en el interior del país; 2) fue impulsada por peruanos (y no la historia oficial que sigue insistiendo que la Independencia llegó con San Martín y Bolívar); 3) movilizó españoles, indios y mestizos bajo una causa común; 4) y si bien la figura de Pumacahua no deja de ser controversial (enemigo de Túpac Amaru en 1780, desencantado de los españoles al cambiar el siglo) no deja de ser un prócer de la Independencia que merece reconocimiento y admiración. De hecho, Pumacahua ha inspirado un videojuego que puede ser descargado de la web y que permite aprender de nuestra historia.

¿Qué hubiera pasado, entonces? Sobrevilla cree que se hubiera instaurado un gobierno monárquico, en el espíritu de las Cortes de Cádiz. Probablemente, Perú y Bolivia no hubiesen sido desgajados y el rol del Perú en el continente sería distinto. Pero, asimismo, se hubiera forjado una nueva nación que no hubiera abandonado sus tradiciones incas como la que nació en 1821. Sólo queda imaginar.


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Política de Becas: una apuesta por hoy y por el futuro

“En lo que va del gobierno, más de 30,000 becarios han sido beneficiados por Beca 18, Beca Presidente de la República y otras modalidades. Nuestra meta es superar los 50,000 becarios, por lo que este año hemos invertido casi 500 millones de soles y se tiene previsto invertir 820 millones de soles el próximo año”.
Mensaje Presidencial, 28 de julio del 2014

 

Beca 18 es reconocido como uno de los logros de este gobierno. De hecho, es significativo que se haya pasado de entregar un promedio de 300 becas anuales a otorgar, en dos años y medio, más de 33 mil becas en varios tipos y modalidades. Pero no solo ha habido un crecimiento exponencial, sino que los becarios son distintos. La Beca de Pre-grado Beca 18 se entrega en su totalidad a jóvenes en situación de pobreza (72% en pobreza extrema y 28% en situación de pobreza), la mayoría de provincias (93% de las becas otorgadas a jóvenes que no residen en Lima o Callao), totalmente opuesto a lo que era antes.

El Programa Nacional de Becas y Créditos Educativos (PRONABEC) ha ido perfeccionando sus procesos para que no haya duda de su pertinencia y transparencia. Las subvenciones a los becarios se entregan con un sistema tipo planillas, lo que permite que tengan fondos en sus cuentas a tiempo para pagar su alojamiento o su alimentación. El pago a las universidades o institutos se hace en función de la entrega de notas y la implementación de la tutoría a becarios con un sistema de conformidades en línea. Todos los expedientes de los becarios, que incluyen sus notas de colegio, entrevistas, su ficha de situación de pobreza (SISFOH) y verificación domiciliaria, están digitalizado y permiten conocer su situación en segundos. Los procesos de convocatoria, selección y adjudicación de las becas que se ha certificado con el estándar ISO 9001, a cargo de una consultora internacional. Se ha creado, además, una Intranet que ha posibilitado una mejor interacción con los becarios a nivel nacional. Por otra parte, está en curso la elaboración de la Línea de Base del Programas con el apoyo del Ministerio de Economía y Finanzas y el Banco Interamericano de Desarrollo.

A fines del 2014 se gradúan los primeros becarios de carreras técnicas. A fines del 2016, los primeros becarios egresarán de las universidades. Por eso, el impacto de este Programa excede los tiempos del actual gobierno y es un ejemplo de una política que no se hace pensando en réditos políticos inmediatos.

Me contaba una autoridad de una universidad de Lima, que el gran número de becarios que estudian ahora en su institución ha cambiado el perfil del estudiante. De ser una universidad para jóvenes limeños de clase media, ahora se combinan distintas maneras de sentir y pensar, reflejando mejor la diversidad del Perú. No estoy seguro si todas las instituciones verán esto como una oportunidad, pero los becarios de Beca 18 ya están transformando muchos de sus centros de estudio.

Definitivamente, 50 mil profesionales y técnicos van a cambiar el panorama profesional en los siguientes años. La mayoría de ellos son la primera generación de sus familias que contará con educación superior. Cuando estos jóvenes se inserten en instituciones públicas o privadas, sobre todo en sus regiones, serán un influjo importante de capacidades humanas y profesionales para el desarrollo del país.

Finalmente, los casi 1,000 becarios de la Beca Presidente de la República que ya estudian o van a estudiar pronto en alguna de las 400 mejores universidades del mundo son una gran apuesta del país, una promesa de alto capital intelectual para el futuro. Se necesita afinar las estrategias para captarlos luego e incorporarlos en las instituciones para aportar lo aprendido y llevar la ciencia y la tecnología del Perú a otro nivel. Estamos lejos aún de los 11 mil estudiantes que envía Brasil para estudiar ciencias en universidades de los EE.UU. o los 6,600 que tiene Colombia. El tema del idioma (inglés, francés o alemán, según sea el caso) es todavía una limitación mayor para que jóvenes talentosos puedan postular a universidades norteamericanas o europeas. Pero hemos avanzado mucho en el último año, y como ha señalado el presidente Humala, se requiere que la política de becas, como parte de la reforma educativa, se convierta en “una política de Estado que trascienda a los distintos gobiernos”. Las becas han cambiado la vida a muchos jóvenes y sus familias y van a cambiar también al Perú.


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Los ritos de la Patria

En estos días hay muchos limeños que buscan escapar de la capital, algunos más cerca (Lunahuana, Canta, Huacho), otros más lejos o incluso al extranjero. Otros se quedarán en Lima, planificando salir a comer, visitar algún museo o ir al Parque de las Leyendas o al cine. La minoría es la que estará atenta a las celebraciones patrióticas, pero sin entender mucho los ritos de la patria, esa liturgia que se repite año tras años en las mismas fechas, con la clase gobernante de turno y de los que, al igual que los ritos religiosos de Semana Santa (no tanto los populares como el Señor de los Milagros o Santa Rosa), se ha ido olvidando su significado. En los colegios se enseñan algunas fechas, algunos nombres, algunas frases (“Desde este momento, el Perú es libre….”), algunos símbolos, pero el sentido integral se nos escapa.

Sin embargo, hay historiadores como Pablo Ortemberg que han estudiado el tema y han mostrado como el ritual político del 28 de julio se enlaza con la tradición que ya había en la colonia para el recibimiento de los virreyes o la proclamación de los nuevos reyes en España. Es claro que el Libertador San Martín y el grupo de patriotas que entraron a Lima el 15 de julio de 1821 querían marcar la diferencia, pero buscar al mismo tiempo ganarse a la población de Lima, sobre todo a la élite y a los notables. Según Ortemberg, el ritual del 28 de julio de 1821 permitió sellar simbólicamente la negociación que hizo San Martín con los líderes limeños, con el fin de ganar más adeptos a la causa y continuar la guerra que todavía continuaba, teniendo aún un grueso número de tropas españolas en la sierra.

La proclamación de la Independencia se programó para el sábado 28 de julio porque, según instrucciones claras de San Martín, se hizo siguiendo el modelo de la proclamación de la Constitución de Cádiz de 1812 y no la de nuevos reyes, cuando se daba el caso. Se hizo en dos días separados: la proclamación el sábado 28 y la misa de acción de gracias y el Te Deum el domingo 29. El viernes 27 la celebración comenzó con repiques de campanas, fuegos artificiales y música a cargo de una orquesta. El día 28 hubo actos en cuatro tabladillos levantados en 4 lugares de la ciudad: la Plaza Mayor, la plazuela de la Merced, la plaza de Santa Ana y la de la Inquisición. El Cabildo, autoridades religiosas y otros notables marcharon a caballo junto a San Martín. El Marqués de Montemira, al lado de San Martín, llevaba el estandarte con la nueva bandera nacional, con el aspecto de los antiguos pendones reales, marcando la continuidad pero también el cambio. Al día siguiente, el estandarte nacional fue introducido en la catedral y presidió la ceremonia desde el Altar Mayor, afirmando, según Ortemberg, “el carácter sagrado de la fundación de un nuevo Estado.” En la tarde hubo una corrida de toros y más tarde, el Cabildo ofreció una fiesta a los vecinos distinguidos, con vino, ron y cerveza.

El domingo 29, luego de la misa en la catedral, en la que participaron todas las autoridades y gremios, en la que no faltó el sermón patriótico, las corporaciones se dirigieron a sus dependencias a cumplir el juramento que ordenó San Martín. El Cabildo, por ejemplo, se reunió en la sala principal. La ceremonia es similar a la que se sigue hasta hoy en la juramentación de los miembros del Ejecutivo. Se colocó en un estrado el estandarte y una Biblia. Cada una de las autoridades, de rodillas y poniendo la mano derecha sobre los Evangelios repitió esta fórmula: “¿Juráis a Dios y a la Patria sostener y defender con vuestra opinión, persona y propiedades la independencia del Perú del gobierno español y de cualquier otra dominación extranjera?” Respondieron: “Sí, juro.” Finalmente: “Si así lo hiciereis, Dios os ayude y si no Él y la Patria os lo demanden.”

Muchos no comprenden ya el significado de estos ritos patrióticos. Están más interesados en el discurso del Presidente en el Congreso, qué vestido llevará la Primera Dama o si faltó alguna autoridad a la Misa y el Te Deum. Es necesario reivindicar el sentido de los símbolos, como la alianza de bodas nos recuerda el matrimonio. Es necesario recordar que la Patria sigue siendo una tarea inconclusa. Cuando San Martín proclamó la Independencia en Lima faltaban largos años para conquistarla realmente. Estar unidos bajo una misma bandera no nos hizo una nación de inmediato. El “Somos Libres” es una tarea permanente hasta que venzamos totalmente la pobreza, la desigualdad, la desnutrición crónica o el analfabetismo funcional porque nadie puede ser libre si no puede ejercer los derechos, si todos los peruanos no pueden hacerlo. Igualmente, como ya lo he señalado en otro post, el lema nacional “Firme y Feliz por la Unión” nos seguirá exigiendo hacer realidad esa promesa de la vida peruana, como decía Basadre, de felicidad y prosperidad para todos los ciudadanos.

Creo que hay que recuperar los ritos de la patria, hacer nuevamente docencia con ellos, y recordarles a las presentes y a las futuras generaciones que todos aquellos que lucharon por ellas, no sólo los prohombres de la Independencia de 1821, sino más bien todos aquellos que comenzaron a pensar un país distinto en Tacna en 1811, en Huánuco en 1812, en Cusco en 1814, no vivieron y murieron en vano. Un país sin memoria no llegará nunca a ser grande.


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Infraestructura educativa: avances y retos para el futuro

En el 2012, la Asociación para el Fomento de la Infraestructura Nacional (AFIN) hizo un estudio y estimó que la brecha de infraestructura de servicios públicos hasta el 2021 era de 88 mil millones de dólares, 33% del PBI. En ese cálculo, sólo 388 millones correspondían a Educación. Las cifras se quedaron cortas. El Censo de Infraestructura que el Ministerio de Educación hizo a fines del año pasado han revelado algo que ya estimábamos: que la brecha en infraestructura educativa es 21.5 mil millones de dólares, más de 55 veces lo estimado por AFIN.

De los 42,300 locales censados, dos tercios requieren ser reconstruidos. La mayoría de los locales escolares en la zona rural fueron construidos por las propias familias, sin tener en cuenta todos los elementos técnicos. Por ello existen muchas escuelas dispersas. Según datos oficiales, tenemos casi el triple de locales escolares que Colombia (60,000 vs 21,000) a pesar de que la población escolar de este país vecino es mayor.

Esta tremenda dispersión y la magnitud de las necesidades hacen más difícil la tarea. Por esta razón, el Ministerio de Educación ha decidido repotenciar su estrategia para acelerar el mejoramiento de la infraestructura. En primer lugar se ha creado el Programa Nacional de Infraestructura Educativa (PRONIED), con el fin de formular un Plan de Infraestructura multianual que permita ampliar las inversiones y mejorar la intervención. Al mismo tiempo, se ha anunciado el desarrollo de un ambicioso programa de Alianzas Público-Privadas (APPs) y de Obras por Impuestos (OXI) que permitan contar con el apoyo de proveedores privados no sólo para la construcción sino para el mantenimiento de la infraestructura. El MINEDU ha lanzado ya un grupo de paquetes de inversión para 21 colegios en Lima Metropolitana por 2,420 millones de soles.

Como ha señalado el Ministro Saavedra, de mantenerse el ritmo actual de inversiones en infraestructura educativa, se requeriría casi 20 años sólo para cerrar la brecha de infraestructura educativa, sin pensar en lo que se tiene que hacer para llevar las escuelas peruanas a otro nivel. Las iniciativas planteadas buscan acelerar el proceso, pero hay que advertir sobre sus limitaciones. Ricardo Cuenca ha señalado, mirando estudios en el Perú y fuera, que mucho del éxito del aporte privado tiene que ver con factores de las propias escuelas, así como del enfoque de la las alianzas establecidas.

La rapidez con que se puede incrementar la inversión en educación es también algo para considerar. En otros sectores, como Transporte o Energía, se puede hacer una licitación pública o una concesión por 200 millones de una vez; en educación, los colegios grandes, de más de 1,000 alumnos, requerirían al menos unos 20 millones, y se necesitan diez de ellos para equiparar una sola licitación grande de otro sector. Empaquetar obras puede ser una solución, pero no reduce el problema de tener que preparar perfiles de inversión y expedientes técnicos para cada una de ellas, lo cual aumenta la complejidad. Por ello, el MINEDU, además del PRONIED y las APPs, debe seguir haciendo transferencias a Gobiernos Regionales y Locales. Entre agosto del 2011 y junio del 2014 se hicieron transferencias por más de 2,300 millones de soles para 1,650 instituciones educativas en 23 regiones.

Lo bueno es que el Perú va a contar con una política sostenida de infraestructura educativa que atienda, en primer lugar, aquellas escuelas urbanas y rurales que están en peores condiciones, tal como lo ha identificado el Censo de Infraestructura. Debe ser parte del Acuerdo Nacional y un compromiso de todos los partidos políticos.

Diversos estudios (ver aquí y acá) han mostrado que el estado de la infraestructura tiene influencia en los logros de aprendizaje. El Proyecto Educativo Nacional (PEN) señaló la infraestructura como una de las condiciones esenciales para el aprendizaje. Un país de ingresos medios como el Perú debe reconocer esto como derecho y trabajar de manera consistente en los siguientes años, más allá de cualquier cambio de gobierno. Seguirán habiendo prioridades educativas de mayor trascendencia como el currículo o la formación/capacitación de los docentes, pero para las familias, los estudiantes, la infraestructura es, sin lugar a dudas, el rostro inmediato de la política educativa. Y queremos todos que esta cara sea amable y acogedora.